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| Ediciones Juglaría - Rosario - Argentina |
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CASA DE VIDRIO
Autor:
Reynaldo
Uribe
I.S.B.N. 987-20165-5-0
Casa de vidrio es de carácter antológico: reúne poemas del autor de sus libros La cuna de tu sombra, Resistencia, De espejos, poemas y suicidios, Rito de la ausencia, Quién conspira, Ciudad sin sueño, y Juegos de la memoria. La selección y ordenamiento de los textos conforman un nuevo recorrido, sugiriendo al lector la aprehensión de una obra diferente.
Casa
de vidrio,
por
Inés Santa Cruz
Casa de
vidrio es un nuevo
poemario de Reynaldo Uribe. “Arte poética” inaugura la serie y presiona
como el manifiesto lírico de quien ha rozado tierra firme y apuesta a defender
ese lugar: Yo llevo tranquilamente / mi alma en un plato / al almuerzo de los
años futuros. ¿Qué características rodean dicho lugar? Quizás el del
cuartito de atrás –la metáfora le pertenece- donde las herramientas
familiares potencian los trabajos más gratificantes. Allí se alimenta la
resistencia. Resistencia a la intemperancia de una época, donde el ruido del
mundo ha ensordecido la voz de las utopías. Resistencia a no dejar de ser uno
mismo.
Parece oficiar
como portada y cierre de los poemas que le suceden, y nos invita a un recorrido
por sucesivas etapas o estaciones existenciales que se insinúan en el resto de
la muestra lírica.
Su imagen poética
dominante concentra el croquis de un proyecto ético. El alma=plato es una
invitación, es circular como la amistad, proscribe la arista –siempre
mezquina y discriminatoria-, tiene un centro, pero está abierta y disponible.
Aparece como un exorcismo de todas las formas de la muerte.
Enhebran el
resto de los poemas un mismo vibrar: la emoción se hace palabra, pero cuando lo
visceral presiona busca la sentencia más clara. Ausculta sin concesiones, pero
manifiesta con parsimoniosa calidez. Da vuelta en sus pensamientos pero no
revuelve una retórica.
Su imaginación
roza lo visionario, pero urbaniza sus escenarios significativos. Esta urbanización
visionaria tiene un centro simbólico, la “casa materna”, ese Paraíso
perdido donde se respiraba la inmortalidad, que es sólo un apunte fugaz en el
recorrido azaroso del existir humano como constante expulsión, hasta
enfrentarnos con los límites del último umbral (“El riesgo de lo vivo”).
Entre estos
dos hitos –Paraíso perdido y “último umbral- está la intemperie de las
calles ciudadanas (“Otoño”, “Poeta por la ciudad”) en cuyas veredas se
acumulan el saldo, lo descartable, el olor y el detritus de la soledad que es
igual en todas las esquinas del mundo, cuando las ensombrece alguna injusticia.
En esta polis
de los desesperados, desestimada por apresuramiento de los que tejen lazos en la
polis de los satisfechos, la acumulación cierra toda garganta: Las palabras
caídas / mientras tanto / siguen allí en la alcantarilla / tapando las hojas
secas que caen tapando / a las palabras que caen y nadie / está dispuesto a
recoger. (“Otoño”)
Aquí aparece
una figura fundamental: el testigo. El poeta alude sin estridencias a una misión,
la de ser un militante de la memoria, porque puede reconstruir “ventanas”
entre el ahora y el mañana (“Los testigos”).
El mapa de la
ciudad es una manera de situar y sitiar su morada, que no es sino el recinto de
otro límite: “el espejo”, duplicación del rostro y de su historia (“De
espejos, poemas y suicidios”). La instancia del “espejo” es el tópico
donde confluyen todas las preguntas.
Pero no deja
de lado otros elementos protagónicos: los conspiradores, los monstruos, los
fantasmas que anidan en la sombra o aparecen en distintas formas de opresión. Sólo
el amor es el paliativo y el alimento de la resistencia. Porque amar es
conspirar o respirar juntos, la forma más consistente de vibrar al unísono, de
consolidar la fuerza.
Pero en este
forcejeo entre esa plenitud amorosa –última y cristalizada trinchera de la
resistencia- y la intemperie, donde asedian la soledad, la incomprensión, los
fantasmas, los conspiradores, hay una tensa espera (“Alguien”).
“Alguien” es un anónimo y azaroso paladín de la esperanza, “alguien”
que pueda reemplazar al centrofoward que murió al amanecer, tomar su lugar y
dar con la jugada certera que revierta la derrota de la justicia.
Reynaldo Uribe
arquitectura sus imágenes con símiles de la construcción urbana: ciudad,
calles, casa-morada, espejo, ventana, cerrojo, umbral. El lector percibe que es
convocado a un recorrido que no le es ajeno, es su propio transitar desde el
mundo hacia su soledad. El poeta señala al espejo como testigo o como barrera
infranqueable, a la ventana como bisagra para pivotear entre la memoria y el
futuro, pero sintetiza en la imagen del cerrojo tenaz (“Cerrojos”) sus
propias posibilidades liberadoras: encontrar la llave extraviada que se parece a
una palabra.
Heme
aquí restituido a mi natal ribera...
No
hay más historia que la del alma,
no
hay más holgura que la del alma.
Saint-John
Perse
I
“Habitaré
mi nombre”, fue tu respuesta
a
los cuestionarios del puerto.
Y
sobre la mesa del cambista,
nada
tienes que mostrar que no sea turbio.
Saint-John
Perse
Yo
no juego con la muerte.
No
juego con los amigos que eligieron
esa
forma solitaria del exilio
ni
con mi padre o compañeros
forzados
a la partida con el engaño
del
regreso.
Yo
llevo tranquilamente
mi
alma en un plato
al
almuerzo de los años futuros,
por
encima de burlas y amenazas,
como
hiciera Maiacovsky
cuando
eligió su corazón
como
último refugio.
No
juego tampoco
con
la locura, los gatos, los espejos,
o
los sueños que vivo
con
la intensidad de un sueño.
No
podría jugar
con
mi propio rostro en el espejo,
con
la severidad con que me mira
o
la sonrisa que rescata una mentira
y
hunde cada pequeña traición
innecesaria.
Yo
no juego con la muerte
ni
con mis alucinadas reiteraciones
que
frecuentan los paisajes de la locura
y
llevan el territorio de lo posible
a
esos abismos sin eco ni final,
sin
bordes para que la mano o la razón
detengan
la caída. No juego
con
la muerte. No juego conmigo.
Hay
horas, reconozco,
en
que el silencio trepa por los costados
de
la noche y mis manos a oscuras
no
encuentran el límite de mi propio
aliento.
Hay horas, reconozco,
en
que mi alma vaga de cuarto en cuarto
y
observa mi cuerpo que duerme
ajeno
a la requisa de papeles, de sueños,
de
aquellos objetos que cuido no me toquen,
de
esos rostros que ordenan mi memoria
y
me ayudan a mentir en el recuerdo.
Reconozco
también que hay horas
que
transcurren sigilosas, atentas,
que
caminan de sueño en sueño
de
espejo en espejo, de rostro en rostro,
y
recorren el vasto mundo por los techos
como
gatos. Tal vez sea gato algunas horas
y
la muerte me conceda ese deseo.
Pero
yo no juego con la muerte que aparece
en
mis sueños o en mi biblioteca
las
noches que comparto con la soledad y el alcohol.
Yo
no juego con la muerte que me permite
visitar
a mi padre y mis amigos,
que
me deja hablar en sueños con los que
pronto
irán de su mano, aparecerán
sin
previo aviso entre poemas y papeles
o
en el espejo al levantarme,
y
volverán
solamente
las noches que comparta
con
la soledad y el alcohol.
Yo
no juego con la muerte,
no
podría tampoco jugar con los sueños
de
antiguas amantes:
tanta
ilusión guardada en la memoria
tanto
amor que no cabe en la palabra amor
tanto
placer que no sé cómo cabe en mi cuerpo
tantas
mujeres que al fin fueron
la
mujer
que
comparte locura sueños abismo
espejos
noches por los techos
mujer
inasible y real
conformada
por todas las mujeres
de
las que recuerde su rostro
en
el espejo.
La
muerte me conoce.
Alguna
vez me ha invitado
a
esos dudosos paseos
de
los que no se vuelve.
Pero
sabe que por encima de burlas y amenazas
yo
llevo tranquilamente mi alma en un plato.
Sin
juegos. Cada uno en su lugar
disfruta
el almuerzo
de
los años futuros.
-----
Absolutamente
cortinas
a
Pink Floyd
Cuando
la soledad
es
como caer por el brocal de un pozo
húmedo,
oscuro, sin orillas ni contornos,
sin
puntos de referencia donde pueda
tomarse
conciencia de la existencia de uno mismo,
porque
uno mismo
no
es más que un vértigo de situaciones límites
que
eliminan todo viso de realidad,
todo
parámetro de locura
o
cualquier intento elucubrado de suicidio.
Cuando
la realidad
toca
el filo de la poesía
en
su transgresión de tiempos y de espacios,
en
su desesperanzada migración a los pantanos
que
no son ni más ni menos que los que se pisan
de
este lado del espejo.
Cuando
las pausas,
los
silencios,
son
campanas sordas
que
tañen en la profundidad de mares oscuros,
espesos
y aceitosos,
apestosos
de peces ciegos que gritan
sin
emitir sonido alguno pero
con
la boca abierta como queriendo abarcarlo todo,
todo
lo que existe en las profundidades
de
las que ningún humano conoce la clave
para
destrabar sus cerrojos,
aunque
mantenga la ilusión de furtivo
visitante
oculto de lo no visto.
Cuando
se habla de esperanza a manos llenas
y
se riegan los campos con alquitrán,
se
inyectan con hormonas los maniquíes,
se
plastifican los gestos, las acciones,
se
previene cada paso no dado aún
tirando
la dentellada sobre el bocado
ni
siquiera pensado todavía.
Cuando
todo está destruido
y
no quedan en pie raíces ni cimientos,
pero
hay monstruos que se relamen
porque
han sobrado unos despojos,
las
últimas gotas para el vampiro.
Cuando
el apocalipsis ha obtenido su clímax
siempre
siempre
hay un espejo que se empaña
y
deja nuestro rostro solo
abandonado
incapaz
de mirarse a sí mismo
incapaz
de reconocerse en los rostros cotidianos.
-----
no
sé
si
prostitución
es
abrir las piernas
o
cerrar los ojos
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Casa de vidrio
a
Inés Santa Cruz
Resistencia
no
es
invitación
al
exorcismo.
Intemperie
para
el militante de la vida
es
sitiar el espejo,
respirar
juntos,
convocando
la
palabra.
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Deseos de mañana
Una
baba verde
crece
por
las paredes viejas.
Tal
vez un sueño
de
futuro
o
muertos
que
resisten
el
olvido.
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Otoño
Una
noche brumosa de Nueva York
o
Pichincha no recuerdo una tarde
una
mañana de sol de madrugada un feriado
un
amanecer un miércoles cualquiera
un
hombre cae se doblan sus rodillas
y
cae derramando sus palabras en la vereda
cae
el hombre y sus palabras en la vereda
sucia
sin baldosas en la vereda encerada
en
una vereda cualquiera de cualquier
lugar
pisada por los abnegados
enfermeros
de la guardia de emergencia pisada
por
diligentes policías que no encuentran
al
culpable pisada por curiosos por viciosos
por
periodistas por la amable mujer que barre
las
palabras con las hojas secas con los fósforos
apagados
los chiclets secos los restos de algodón
como
si fuera lo mismo morir en Nueva York
o
en Pichincha a mediodía o en feriado
morir
de muerte natural o conspirando
derramar
palabras o una inmunda sangre
recordada
en la mesa familiar ante la carne
jugosa
o en un vulgar análisis de colesterol.
Y
con el tiempo la memoria confunde a las abnegadas
almas
de Nueva York y Pichincha a los enfermeros
a
los policías la memoria confunde a los viciosos
a
los periodistas y dicen que fue
un
fósforo que quemó un hombre
una
mañana de sol de madrugada un feriado
un
amanecer un miércoles cualquiera
que
se atragantó con un chiclet que el algodón
estaba
infecto porque era reciclado
que
el culpable no aparece que el culpable
fue
condenado a cadena perpetua fue barrido
por
una mujer su cómplice y la prueba número uno
la
escoba no aparece. Las palabras caídas
mientras
tanto
siguen
allí en la alcantarilla
tapando
a las hojas secas que caen tapando
a
las palabras que caen y nadie
está
dispuesto a recoger.
-----
Casa materna
Los
objetos
instalan
personas en los cuartos
para
asegurar su inmortalidad.
-----
Quién conspira
Quién
conspira
contra
la libertad de mi sangre
para
correr, saltar
o
detenerse un instante,
o
caminar cada parte de mi cuerpo
según
sea primavera,
vergüenza,
miedo,
apuro
o soledad.
Quién
aspira
alterar
su resonancia
su
ritmo
su
volumen.
Quién
conspira
contra
mi propia
medición
del calendario,
mi
régimen de lluvias y cosechas,
la
altura de mis mareas,
el
origen y destino
de
mis vientos.
Quién
aspira
llenar
los silencios,
pautar
solsticios y equinoccios.
Quién
conspira
contra
el sueño y el poema,
el
horóscopo y la cábala,
el
color de mi sombra,
el
espiral del vacío.
Quién
conspira
contra
los pocos
conspiradores
que
conspiran.
-----
Poeta por la ciudad
a Federico García Lorca
Qué
pueden tener las calles
las
sucias turbias calles del Bronx
el
alba mentida de New York
con
su saxo como aullido de perro asirio
o
la muerte por soledad en Vermont.
Qué
puede tener una ciudad sin sueño
con
sus caballos en las tabernas
y
las hormigas furiosas
que
atacan cielos amarillos refugiados
en
los ojos de las vacas.
Qué
puede tener, qué puede tener
un
poeta en New York
que
no tenga una prostituta un vendedor de pescado
un
bandoneón en la radio de los bares
un
judío levantando la persiana el ciruja
balbuceado
desde el olvido
o
el vendedor de queso que arrastra
el
nauseabundo olor de su comercio
hasta
la cama donde parirá a sus hijos.
Cuál
será la diferencia
entre
el mascarón de proa
que
trajo las ratas de Battery Place
y
las de San Juan y Mitre,
confundidas
en las cubiertas entre
los
que encadenados perdían el sueño
o
los que soñaban por soñar porque su sueño
no
se turbaba con cadenas, explosiones,
las
espinas del pescado
las
cáscaras de queso
o
el olor a leche de macho alzado.
Cuál
es la diferencia entre Brooklyn
y
las esquinas de Pichincha
las
opacas, las que no tienen
resurrección
en los finales
ni
esperanza en los amaneceres.
Qué
nos distancia, New York,
si
el bandoneón y el saxo
comparten
un idioma
asesinado
por el cielo
y
las piernas, aquí y allá,
son
más hermosas con medias negras
y
el alcohol, aquí y allá,
tiene
otro gusto compartido con amigos.
Mientras
tanto
en
Harlem y en el Bronx
en
Moreno y Weelwright
o
en Laprida y San Luis,
un
saxo aúlla, un bandoneón
en
celo reclama al ciruja al poeta
a
la dulce prostituta
a
los asesinados por el cielo
a
los que no tienen resurrección en los finales
ni
esperanza en los amaneceres
balbuceados
desde el olvido.
-----
De espejos, poemas y suicidios
Basta
un pequeño olvido
un
instante de distracción
y
las agujas del reloj
inician
un
tiempo propio para cada gesto.
Entonces
los
espejos no sirven para reflejarnos:
es
nuestro rostro que repite la figura
unidimensional
y fría
dibujada
en el vidrio.
Puede
multiplicarse nuestra boca
para
llenar el espacio de sonidos.
Pueden
superponerse nuestros ojos,
ubicarse
en el medio de la frente
para
competir con Júpiter
sobre
el dominio del aire y del cielo.
Puede
haber la voluntad
de
destrabar las entrañas
y
producir ese vómito atrasado
que
escarbaba la memoria.
Es
posible que los pómulos
acompañen
la violencia volcánica
acumulada
contra
uno mismo
contra
el propio silencio.
También
el suicidio tiene cabida:
se
puede repetir la figura neutral
y
justificar la impasividad del espejo.
Todo
es probable tratándose de espejos,
han
acumulado en sucesivas estaciones
las
ínfimas señales de cada poro,
los
signos de cada paso de las horas,
los
desvaríos que provoca un olvido
un
poema
un
instante de distracción.
Todo
es probable tratándose de espejos,
sólo
ellos desnudan nuestro rostro:
sospechoso
cómplice de uno mismo
o
con la palidez indiferente del idiota
cuando
acaba de orinarse en público.
-----
Noticias de este lugar
No
quiero vaciar
ni
lastimar palabras
que
soñaron en mi cama.
No
quiero
devolver
esas palabras
mágicas
que
supieron restaurar
voces
enclaustradas
escondidas
viejos cantos
la
risa
los
primitivos y olvidados
rituales
del amor.
No
quiero resucitar traiciones
en
mi rostro ni en mis manos que
cuidan
la tibieza de su piel.
Quiero
que la vida
me
traiga su voz cuando
se
hable de amor
que su palabra
estribe
en mis oídos,
guarde
día a día
lo
que fue
lo que será,
lo
que no dejaré escurrir
entre
mis dedos.
-----
De
noche
de mis libros
resucitan
otras vidas
que
danzan
me acosan
luchan
aplastan
una
a una mis palabras.
Después
al
levantarme
lavo
la sangre de mis manos
y
acomodo
mis
últimos despojos.
-----
Los testigos
El
futuro esquiva mi mirada.
Entre
sus ojos y los míos hay un espacio hueco
que
desarticula todos los límites posibles.
No
puedo condenarlo.
Yo
no desciendo de los dioses
ni
tengo la inmortalidad de la piedra:
apenas
soy
capaz de vagar entre permanencias de otros
y
mi memoria sirve
todavía
para
reconstruir las ventanas
que
me llevan de un mundo a otro
y
regresar.
El
futuro
tiene
miedo a los testigos.
-----
II
Aquel
que busca, a cabo de sonda,
la
arcilla malva de las grandes profundidades
para
modelar el rostro de su sueño...
Saint-John
Perse
----
Los fines y los medios
a
Hugo Diz
I
La
lluvia
cesa.
Deja
calladas
soledades.
Como
un gato
dormido
sobre
las pantuflas del muerto.
Cuántos
como mi propio padre
estarán visitando
la memoria de un amigo.
Cuántos
aún estando
extrañarán la palabra
o
la risa que se fue.
II
qué
de
la muerte
vagabunda
presencia
en
busca de un olvido
qué
del olvidado canto
de tu voz
cuando canta
qué
del
oculto asombro
por
la exactitud
de
la palabra
qué
del vago sueño
desafiante
de
utopía
III
qué
del
gesto cómplice
de
dios
en
la mentira
qué
del que siente un soplo
una pequeña vibración
un vago recuerdo
y se levanta
qué
si
un hombre
al
menos uno
se
levanta
(el sol
atardece y duerme
cuando un hombre
le
proyecta su sombra)
IV
qué
del
humo del café
la
mesa gastada
el
cigarrillo
qué
de aquella mano
sobre el hombro
solitario
qué
de
aquel hombro
solitario
que
recibe una mano
qué
del mapa amigo
de los pasos que vienen
de
los pasos que van
V
qué
de
los amigos
que
alguien quiso
que
no estén
qué
de los pasos deshilachados
que acuden a la cita
en los cementerios
qué
de
la copa levantada
la
luz
el
horizonte
(las copas alumbran
el amanecer
cuando se chocan:
entibian la mano
achican los ojos
inician
el
juego)
VI
El
hombre
se
transforma en sombra
agrietada
y moribunda.
La
vida espera
todavía
su
primer amor.
-----
Las
almas de los muertos
llevan
su historia en una bolsa sobre el hombro
caminan
por las vías
siguiendo
el paso arrítmico de los durmientes;
las
almas de los muertos
caminan
por las vías sin trenes por las estaciones
vacías
y sólo de tanto en tanto
encuentran
la memoria de un amigo
para
volver a su antiguo mundo,
regresar
a su bolsa sobre el hombro
y
desandar arrítmicos durmientes.
Los
sueños en cambio
vagan
por los techos aparecen
sólo
de noche flotan
sobre
la ciudad dormida no llevan
una
bolsa sobre el hombro no encuentran
la
memoria de otro sueño ni estaciones
aunque
estén vacías ni durmientes
aunque
ya sin trenes.
Los
sueños vagan de techo en techo
de
lecho en lecho entre tachos de basura
bajo
sombras de luces de neón sobre carteles
que
recuerdan todo va mejor
buscan
la
única ventana con la luz encendida
al
que revive en su memoria las almas
de
sus muertos buscan
un
gato que sabe de trenes y estaciones
un
cementerio que siempre está de fiesta
los
hombres que llevan bolsas sobre el hombro
por
las vías sin trenes que, inevitablemente,
conducen
al sueño,
a
esos sueños que vagan
por
la memoria
de
los hombres.
-----
Búsqueda
Busca,
hijo, busca,
como
alguna vez lo hicieran los antiguos.
Busca
en tu niñez o la saga de tus sueños
entre
las ruinas de la ciudad fantasma
en
el aliento de desiertos y torrentes
o
en el eco de tus pasos. Busca
en
laberintos o en sagrarios
en
la pátina de los escudos
en
aquellas profecías en la música de los pastores
en
los cráneos de los traidores lastimando
la
luz con su reflejo. Busca
en
olvidadas catacumbas en el rastro
de
los cuervos cuando vuelan
en
las sagradas escrituras en el sendero
del
sol sobre el mar en el ocaso.
Busca
en
las palabras que quedaron adheridas
al
silencio o en aquéllas fecundadas
por
aves y peces y abejas destiladas por fin
en
el desvelo. Busca hijo
entre
las piedras en la huella del viento
en
la sombra que alguien olvida cuando pasa
en
los caminos sin origen ni destino.
Busca,
hijo,
busca.
-----
Insomnio
Los
fantasmas de la noche
escalan
el silencio
como
gatos
y
se acercan a mi cuarto
como
un absurdo canto de borrachos.
Después
como si fueran de la casa
se
instalan
en
la mitad vacía de mi cama
leen
libros olvidados en el suelo
o
escriben poemas que te nombran.
-----
Un
café
que
se enfría
lentamente
abandonado
en
una mesa cualquiera.
Los
gritos
de
un vendedor mudo.
Tu
sombra
calle
abajo
ya
lejos...
-----
Deambulares
Un
fantasma
camina
por
los cuartos de mi casa.
Se parece a mí,
y hasta sospecho
que en otro tiempo
se hospedó en mi cuerpo.
Cambia
de lugar
las
cosas, deja a mano
objetos
que ya no uso.
No
lo hace por maldad,
no
quiere molestarme.
El
fantasma busca
en
mi memoria
antiguos
recuerdos
de
charlas con la muerte,
poemas
de olvidos y silencios,
noches
interminables de soledad
y
demencia
y
la vastedad del mundo
para
sembrar su angustia.
Yo
permito que camine
por
los cuartos de la casa.
El
también tiene derecho a despedirse.
-----
Lugares
El
tiempo desconoce
los
límites de la ausencia
la
distancia a la ternura
o
cuánto horizonte cabe
en
la memoria de un hombre
lejos
de su tierra
lejos
del amor
muy
lejos.
Pero
el tiempo sabe,
por
su cómplice vagabundear
con
solitarios,
cuando
una presencia llega
cuando
llega la ternura
y
cuánto horizonte cabe
en
la esperanza de un hombre
que
encuentra cerca su lugar
cerca
el amor
muy
cerca.
-----
Parablas
Una
mujer merodea
en
la mente de un hombre solo.
Es
un fantasma que conspira
contra
la quietud meditadamente establecida,
desordena
la palabra:
bautiza
la risa que resistía su abandono
desde
un cuarto de la casa tomada,
mueve
la mano, el lápiz,
recorre
poemas extraviados
en
los laberintos de su memoria
divaga
huye
pero
siempre regresa
a
esa palabra que mueve las montañas
siembra
pan en los desiertos
hace
llover sobre campos estériles
rescata
rincones que creía olvidados.
Una
mujer
un
fantasma
puede
resucitar a un hombre
solo
incomodando
la palabra.
-----
Veladuras
Un
hombre sueña
con
un paisaje tan real
tan
armónico con su luz
en
veladuras, que incorpora
una
mujer al sueño, una mujer
con
su cabello suave y libre
y
le regala un vestido suave y libre
como
la mujer y sueña también
con
una flor para su cabello.
Sueña
el hombre con un paisaje
tan
real tan armónico con su luz
su
mujer en veladuras con una flor,
que
instala en el sueño un retoño
del
árbol de la vida.
El
hombre sueña que vive
en
su paisaje en veladuras
con
esa mujer con la flor en sus cabellos
su
vestido suave y libre en veladuras
y
el árbol de la vida tan real
tan
armónico que el hombre
decide
despertar dentro del sueño
para
vivir en veladuras.
-----
Retrato de mujer
Los
nombres de mujer
no
se escriben con tinta
ni
llanto sangre o aerosol
sobre
las piedras los nombres
de
mujer no se graban en la corteza
de
los árboles no sirven
para
encabezar poemas. Los nombres
de
mujer no quedan bordados
en
las sábanas no quedan
en
las cartas no caen
sobre
los manteles no se ocultan
en
la luz en las tinieblas en la sombra
de
los objetos no caminan
sobre
la huella de nuestros pasos.
Los
nombres de mujer no se pierden
ni
quedan confinados a un conjunto
de
letras sin sentido. Los nombres
de
mujer no se escriben no se recuerdan
ni
se olvidan
no
son
sino
esa imagen de nuestro
propio
rostro en el espejo
que
nos mira en silencio
que
nos mira fijo nos pregunta
qué
hicimos para merecer
su
nombre.
-----
Sospechas
He
leído
numerosos
tratados
acerca
del amor
escuché
opiniones de
estudiosos
observé detenidamente
iconografías
antiguas y otras
de
este tiempo.
Está por llegar
la extraño
mi cuerpo arde puse flores para ella
tal vez compre velas para espiar
sus piernas en penumbras.
El
amor
sospecho
son
palabras no dichas
deseos
que alteran las costumbres
la
necesidad
de
conspirar
respirar
juntos.
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III
Tanta
altivez no abrirá la acantilada orilla
de
tu umbral,
¡oh
Secuestrador de cuchillos en la aurora!
Saint-John
Perse
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Puertas apagadas
Cuando el poema y el sueño
pierden el poder de convocar
otro sueño
otro poema
el dolor
es un hueco
que corroe las entrañas
despojando a cada víscera de su nombre,
hasta dejarlas
como los corredores
oscuros
sórdidos
de los presidios.
Cuando
nos es vedado el gesto
y lo que queda de él
se repliega como un océano sin agua,
el cuerpo
es una morgue vacía
sin encontrar
su cadáver.
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El centrofoward murio al amanecer
Aquellas
charlas, amigo, aquellas charlas
están
grabadas en las paredes de Nanterre:
“Corre,
camarada, el viejo mundo
está
detrás de tí”.
Y
aquí, bajo otros cielos,
aquél
mayo de Nanterre yo cumplía los 17
a
los que quería volver Violeta.
Aquella
charla amigo en que te dije
que
el sistema anotaba un tanto en nuestras barbas
que
nos quedamos dormidos en defensa
y
a pesar de los avances
no
generamos situaciones de gol: el sistema
está
entrenado, nos mató un amanecer al centrofoward
y
al abrir los ojos nos entró nostalgia por la lluvia
nostalgia
por la lluvia la de ahora es otra lluvia
el
vino no es el mismo al sexo le pusieron saxo
extraviándolo
de su propia melodía.
Sabés
qué pasa mi querido amigo
no
quedan tantas pensiones baratas
ni
esas prostitutas de Eduardo Dalter que
“no
esperan a nadie y sueñan”
en
la esquina de la Plaza López o en la cuadra del París
ni
Federico dice “oye mi sangre rota en los violines”.
Preocupa
eso sí el agujero del ozono pero nadie
pregunta
por el dedo que se mete y escarba
corre
camarada se viene el dedo
el
viejo mundo debe quedar atrás,
a
la vuelta de una esquina
a
la que faltan el buzón carmín
y
un misterioso sobre perfumado que custodie
esa
pequeña violeta ansiosa por dormir
eternamente
junto al poema 20 de Neruda.
Es
otra cosa otro tiempo otro hombre
no
se consigue un zapatero bueno
para
coser la de cuero
es
otro tiempo otra cosa
los
arqueros no se calzan la gorra hasta los ojos
las
camisetas no vienen con solapas y botones
al
hombre
le
han cambiado el sueño lo dejaron
temeroso
del sida la pasión
temeroso
amor deseo silencio
vibración
de los sentidos cuando pelvis y pelvis
aturden
esa misteriosa desaparición del mundo
el
viaje en espiral al infinito.
Aquella
charla aquella charla
(cómo
cuestan las palabras
cuando
se abandona el gesto)
aquella
charla de palabras del sistema
y
nosotros que pasamos los 17
pero
queda sexo para combatir el sida
manos
para acariciar el sexo
ojos
para mirar las manos otros ojos
para
encontrar los ojos mirar a través del vaso
y
conspirar.
Nos
acosan amigo, nos acosan
son
muchos nos rodean
nos
hacen correr
lejos
de los muros de Nanterre
nos
alejan cambian la utopía
pedazos
de película que la Metro tiró por inservibles
jugar
armar un videoclip
hacer
cola con una regadera regar
regar
con entusiasmo.
Porqué
no una regadera sin flor cargada
con
agua de cal caminar despacio por los lados
luego
prolija medidamente marcar el área penal
la
línea del centro el círculo hasta mandarse la joda
dibujar
con blanco sobre el pasto
al
centrofoward que murió al amanecer
haciendo
el amor con la mujer de sus sueños
mujer
con un telar que sueña
que
al amanecer un centrofoward
destejerá
punto por punto
cada
rincón oscuro de la luna.
Aquella
charla aquella charla
de
qué sirve
conspiremos.
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Nocturno
Entonces
cuando
las sombras se llenan de verdades
el
gato que encierra cada uno de nosotros
abandona
una lágrima
doce
horas preparada
y
las voces que caen
una
a una
lentamente
se
adhieren como el muérdago
a
los objetos cotidianos.
Entonces
mi
cuerpo inerte
vacío
respirando
el pus del universo
escribe
poemas
hace
el amor
mira
las estrellas.
Detrás
de la ventana
el
silencio espectral de la ciudad
ilumina
la
cuna de las sombras:
a
esta hora
los
dueños del mundo
los
infames
se
aprestan a parir
un
nuevo genocidio.
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insomnio
son
sórdidos
y oscuros
laberintos
donde
no se busca nada
donde
no hay nada que encontrar
ni
siquiera el sueño
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alguien
quiere
que
en los límites
más
negros y lejanos
encontremos
nuestras huellas
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alguien
quiere
que
el amor
sea
una rata
que
camine
en
las entrañas
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los
sueños
de
hoy
son
pájaros
sin cielo
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a
mi país
“Del salón en el ángulo oscuro”
Gustavo A. Bécquer
La
señorita sentada tiene el nombre
vibrante
de la plata anteojos de carey las manos
delgadas
pálidas los dedos
delgados
pálidos la señorita
su
rostro todo.
La
señorita ve pasar
tras
los geranios tras las rejas
del
balcón tras los anteojos
de
carey sus manos
su
blanco rostro de señorita
que
la mira desde el tiempo sentada
blanca
su puntilla blanca
de
azahar sus ojos
tristes
detrás de los cristales
su
nombre antiguo.
Y
una lágrima rueda
hacia
los biscuit y cae
por
las teclas pálidas por sus dedos
pálidos
construye mientras cae
un
Ave María de Schubert que no alcanza
para
hacer sonreír a los retratos familiares.
Pero
la señorita no cae
no
alcanza la vida para doblar
sus
hombros su columna sus bordados
no
caen los geranios ella
sueña
no agota su tesoro
y
su cajita de música aleja
oscuros
nubarrones ella sueña
tras
los anteojos de carey las manos
tan
frágiles para proteger un sueño
o
su nombre noble y su mejilla
se
colorea su sueño
un
fino pincel con acuarela su mejilla
como
el pétalo de una rosa
con
una gota de rocío.
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Asesinos del silencio
Quiero
encontrarte
estar
con vos
sentir
que el amor
nos
ayuda nos salva nos renace.
Pero
la ciudad está invadida por misterios
ocultos
peligros profecías
nadie
está a salvo del sida
del
consumo de la clave única de identificación
tributaria
de un oscuro director de cultura nadie
está
a salvo de los analistas políticos
los
críticos de la crítica los ríos que
crecen
y el agua que sube hasta el
sexo
hasta la boca quién piensa
en
salvar colchones nadie
nadie
puede estar a salvo
en
municipios descentralizados
porque
también se descentraliza el
crimen
la agresión la vejación,
nadie
protege
nuestro amor.
Hoy
quiero verte
estar
con vos
ver
que mi amigo hace el amor
como
el vecino
el
ciudadano el actor social el beneficiario
quiero
ver que todo
se
ve que todos vemos que todos
estamos
haciendo el amor
lejos
de
los ruidos, de las marquesinas de los shopping
de
los tableros de la bolsa de la bolsa
de
las palabras de los funcionarios que se
ocupan
de nosotros
del
ruido del agua y de los crímenes lejos
de
las monedas que se apilan una a una
quiero
hacer el amor
sin
escuchar noticias.
Quiero
verte
estar
con vos
sentir
que
a pesar de algunos asesinos
el
amor
nos
acompaña.
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Cae
la mano de la justicia
sobre
el látigo del verdugo
como
un látigo sobre
la
mano del ajusticiado
y
el verdugo
sólo
cambia de mano su látigo
para
hacer justicia.
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Alguien
En
la soledad de ladrillos derrumbados
grietas
de tierra reseca
y
carroña
que
florece tras los vidrios de colores
alguien
como
sueño desvelado
de
brújula cansada y dolorida,
desafiando
al desamparo del viento
como
estatua sin ojos ni latido
alguien
arrastrando
sus despojos
hacia
un rayo de sol tan deslucido
como
espejo de vieja prostituta,
queriendo
renacer cada mañana
para
intentar nuevamente
los
secretos de la alquimia.
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El riesgo de lo vivo
a
Willy Harvey
¿Se
podrá cruzar
el
último de los umbrales
sin
volver la mirada
y
despedir nuestra sombra con nostalgia?
¿Será
posible
cerrar
definitivamente el libro mayor
cuando
le quedan páginas huecas
habitadas
por temores y delirios,
fronteras
vedadas para la razón y el deseo,
el
equilibrio y la pasión?
No
se entiende
sin
haber navegado
los
ríos subterráneos,
sin
violar los límites de la palabra
hasta
desconocer el idioma,
o
perseguir esa imagen del espejo
atraparla
y
recomponer con ella heridas y traiciones.
Cómo
abandonar
el
desafío de los laberintos,
la
geografía del alcohol,
el
amor hasta desdibujar los cuerpos
y
reconstruirlos en los territorios del sueño
o
la locura,
donde
nada más tiene sentido
y
los sentidos, sin audiencia ni testigos,
reinician
su propia ceremonia.
Es
posible
que
en el último de los umbrales
debamos
dejar nuestros despojos,
pero
quedará el regreso
si
puede volar
en
un ritual de alquimistas y shamanes
o
caminar
por
la mirada lejana de una mujer
hasta
llegar a su abismo,
y
medir en la caída
el
latido de su propio secreto.
O
tal vez
el
último de los umbrales
no
tenga el valor de ser definitivo.
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El
caos,
como
un cristal
que
cae,
desarticula
las
palabras.
El
caos
como
otro enigma.
Para
qué
develarlo.
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Cerrojos
Una
llave extraviada
en
la profundidad del océano o en
osamentas
que calcinan las arenas
escorpiones
que rondan pisan
anidan
donde tiempo atrás habitó
un
sueño una ilusión otro escorpión.
Viento.
Sólo viento en las entrañas
de
la memoria. Sólo memoria en las
entrañas.
Sólo viento.
El
mar es indescifrable para las tormentas
del
desierto, las arenas enceguecedoras
son
indescifrables para los caracoles,
el
canto de las sirenas.
El
sonido suele ser una falacia
para
aferrar a los sordos
al
mundo de los ciegos. Hay rocas
volcánicas
más duras que el corazón
más
duro
más
livianas que la mirada.
Mitos
y epopeyas rondan el gesto
sombras
chinescas sombras de los gatos
sombras
de los sueños.
La
fragilidad de memoria de los dioses
la
proyección infinita hacia el olvido
de
oraciones rituales, sacrificios,
flagelos
para alejar a dios del cuerpo,
comuniones
con el lado oscuro e insondable
de
uno mismo, su memoria, sus deidades.
Voces
afónicas agónicas
claman
exigen suplican extrañan
una
llave
algo
parecido
a
una palabra.
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IV
Huésped
mío,
déjame
tu casa de vidrio en las arenas.
Saint-John
Perse
-----
a
Carolina, Nicolás,
Imanol
y Federico
En
este transitar de sombras y montañas
con
las manos extendidas
perpendiculares
a
mi pecho hinchado de sed,
te
busco
desde
mis cientos de siglos
mi
desarrollo físico y mental
mis
pasiones infinitas
mi
naturaleza
moldeándose
desde sus entrañas
de
rodillas a nuestra sensibilidad acorralada.
Y
camino
con
mi humana soledad a cuestas
extrañando
tu sueño
hurgando
indefinidas sombras
consultando
al viento y a las piedras,
a
las hojas secas y las verdes,
a
todo aquello que aún se guarda intacto
inviolable
y
tan seguro de sí mismo
como
de su eternidad en la vida y en la muerte.
No
acepto la infancia como símbolo
de
alboradas
dueñas
absolutas
de
su lenguaje propio
o
de un futuro promisorio o desafiante.
Yo
descubrí en el nacimiento de mis hijos
la
permanencia inquebrantable del amor
como
fuente indestructible de energía
y
la magia de la creación
como
fruto de lo imperecedero de mi cuerpo;
y
me postré ante ellos desde el primer llanto
porque
hasta la eternidad
serán
los exclusivos cancerberos
de
sus propios e indelebles enigmas.
No
estoy dispuesto
tampoco
a
resignarme ante la muerte
ni
aceptarla como el eslabón de un ciclo.
No
quiero hablar
de
aceptación
comprensión
adaptación
en
fin, resignación
quien
se resigna ante la muerte
se
resigna también ante la vida.
Siento
aún
la
impotencia ante lo magnificente
la
incertidumbre de lo ignorado
el
temor
las
dudas
el
asombro diario
por
todos y cada uno
de
los eslabones del ciclo natural,
monótono
y cotidiano
como
el salir del sol
el
amanecer de las estrellas
el
llanto de un pimpollo
emocionado
de rocío
o
un débil pichón que inicia el vuelo.
Busco
al hombre
para
encontrar la paz
y
no para remendar heridas:
como
una alborada
una
común y definitiva
sin
grandes luces
pero
sin sombras tenebrosas
al
acecho.
No
quiero la paz de utilería
que
sirva de consuelo.
Busco
la
paz como uno más
de
los sagrados elementos,
como
el fuego, el agua,
la
sombra, el silencio,
el
parto, las montañas,
la
muerte o el pan.
Quiero
conservar el culto
primitivo
y ancestral
ante
lo mágico:
lo
que no es del hombre
y
hace al hombre.
Por
eso busco y necesito
al
hombre esencial,
el
de carne y huesos
pero
con un armazón de acero
o
de nieve
de
fuego o agua dulce
o
lo que sea,
el
que guarda en sus más recónditas esquinas
el
Innombrable:
en
sus miradas más superficiales
en
sus manos y en sus pies
y
en cada poro de su piel,
el
que convive
y
lo alimenta y se alimenta.
Por
eso
mi
temor de negociar
el
gusano que un día se hizo hombre
por
el hombre
que
cada día quiere hacerse más gusano.
Estoy
cansado
de
buscar al hombre
tumultuoso
y cerebral
laberíntico
y mortal
el
de carne y hueso y nada más
y
nada más.
Mi
único poema
dirá
me
despojo de mí
y
te descubro.