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Ediciones Juglaría - Rosario - Argentina

 

 

 

EN ESTA CASA YA NO CABEN LOS MUERTOS

Autor: Alberto Lagunas

 

 

Ediciones JUGLARIA - 2001

 

 

Alma criolla, errante viajera

querer detenerla es una quimera

 

Alfredo Le Pera

 

 

 

I

EN ESTA CASA YA NO CABEN LOS MUERTOS

 

 

 

 

En esta casa ya no caben los muertos

                                                                  a Edna Pozzi

 

 

En esta casa ya no caben los muertos.

No a medianoche entre velas

ni en la niebla que confunde el paisaje

sino al mediodía

y a pleno sol

en las llanuras como un llanto infinito.

O entre montañas

que repiten el llanto.

Allí debemos sentarnos

y tratar de comprender

el pasadizo que une

el pasado

con las huellas del presente.

 

Sin culpas

sin miedos

eludiendo mentiras

de los que empuñan la verdad.

 

Inocentes como el lobo

apaleado en las fábulas.

Inocente como el cóndor

de Olegario Víctor Andrade.

Y también con lo recordado

que dijo José Hernández.

Bárbaros

como un joven hachador

desnudo.

No sabemos ya

cómo continuar.

 

(Cuántas voces a coro siguen diciéndonos

“yo fui viajero del dolor”

en caminos del fango sin tiempo)

 

En esta casa ya no caben los muertos.

En yuyales insepultos

están los muertos de Huaqui

los de Cancha Rayada

los de Vilcapugio, los de Ayohuma.

Y en desfiles patrios

los fantasmas desfilan.

Son los fantasmas de los guerreros

que iban a conquistar en siete días Asunción

y escondidos siguen sus cuerpos

pudriéndose

en pantanos tropicales.

 

Dónde quedaron los muertos

del 16 de septiembre de 1955

ametrallados por aviones

en Plaza de Mayo.

O los que acribillados caían

en el puente de Arroyo Saladillo.

O los degollados

que morían bailando

la refalosa en su propia sangre.

 

No son rumores.

En esta casa ya no caben los muertos.

Los gritos ahogados en los campos

de concentración

de los cuarteles,

miles de voces enmudecidas por la tierra.

Y la muerte por agua

solloza gritando por las noches

en las costas del Atlántico Sur.

O los mártires torturados y muertos

por ser hombres cuyo delito fue

escribir nombre de varón

en el corazón de sus almohadas.

 

Teas apagadas por el espantoso

susurro: “yo fui viajero del dolor”

 

qué herencia de la patria dolida

nos queda

si ni siquiera hay fuego para quemar tanta mentira.

 

 

Mandato

Escuchadme costas lejanas.

Isaías: 49, vers.1

 

Escuchen costas lejanas

lo que llega como brisa

es la ronca voz del viento

que permanece

aullando el mensaje incumplido.

 

Escuchen ríos escondidos

de la sangre

la hora de la primera piedra

ya pasó.

¿Quién puede hoy

tirar

alguna piedra?

 

Escuchen océanos

aguas poderosas

que se levantan en guerras

acompañadas por música

en los televisores:

la sangre tiene precio

es el recuerdo.

Ya no habrá paraísos

ni amores deshojados

sólo sangre

secándose en las playas.

 

Escuchen tierras lejanas

del horizonte

y  más allá del horizonte:

la injusticia no tiene límite de catástrofe

sólo piedras derrumbándose

en el espejo de la culpa.

 

 

Rastros

 

¿Lavarme la sangre de mis muertos

trabajando en el oscuro rincón

del jardín de un monasterio?

Y saber que tu muerte continúa

y mi destino no es el de un jardinero

ni el de un filósofo

sino el férreo sino

de quien todo cuestiona

hasta la literatura como cuerpo total

que exige la mente, pero exige

el detritus, el excremento

y también la conciencia para sobrevivir.

 

He visto que las palabras

son apenas gemidos

como gime el cuerpo o el amor

entre mis brazos

por no decir lo inconfesable.

 

¿Qué es la palabra, su sentido,

su esencia más profunda?

No espejo,

no música, ni cadencia,

ni siquiera coherencia lógica

que destiñen mis libros.

Y saber que tu muerte continúa.

 

¿Sabré yo que si bien

la palabra es un modo de la nada

la necesidad de palabras se mece

atrayente

como las olas,

o música que quizá te gustara?

 

Y ahora yo me pregunto

mirando esa verbena:

¿qué seré yo para esa flor y ese tallo?

Qué conciencia los envuelve

más allá de universo

que desaparece al cerrar los ojos

y cuya permanencia

no presupone mi permanencia

sino arena

 

 

y más allá algún árbol

cantado por pájaros

al atardecer, en la incipiente

luz

de este invierno.

 

 

Obsesión

 

Que tenías en tu corazón

en tu obsesión por buscarme

en tu obsesión por hacerme

el más fuerte

como si la fuerza fuera medida

y no sostén de memorias desechables.

 

Y regresabas sin embargo

para destruir como las hadas malas

la fiesta de los cumpleaños,

 

para destruir el puente

para que yo no huyera

de la locura

sino quedara pegado a tu regreso

de mantas rotas heladas

mantas

deshilachadas mantas

como laberintos de odio.

 

 

Vengo

 

Vengo de días oscuros

caminante agotado.

Ni el sueño repara el dolor

ni la vida repara

tanta vida

vivida en imágenes.

 

Vengo de días como pirañas

alejadas de todo silencio.

Vengo de días golpeados

por recuerdos

falsos

huecos

vidrios negros

de la mentira.

 

Vengo de días como telarañas

con bocas que hablan

la locura injustificada

del rumor

excremento de la historia.

 

Quién desenvuelve la madeja

el simulacro oscurecido de la verdad.

 

Flores muertas

naturaleza mentida

de la palabra muerta

expulsada aún

de los cementerios.

 

 

Despojo

 

Mejor

no dejarlos salir.

No es viento

el que sale de esa cueva.

Es época de los picaflores carnívoros.

Ellos chupan sangre en los mataderos

y reponen su fuerza

en la sala de terapia intensiva

donde agoniza mi madre.

Ellos devastan luego la casa

de mi infancia.

Pican con sus largos picos

vacas para alimentarse

y saquear muebles

recuerdos

fotografías

viejas vajillas

todo lo que mantiene la calidez

del recuerdo.

 

Ellos han atravesado siglos con el mismo odio

con el mismo odio

con que arrojaban mi alma

a las mazmorras.

 

 

Elegía

Ya no queda nada

todo está ahora en mi corazón

I

 

Nada hay de sacro

en la luz obscena

de una sala de terapia intensiva.

 

Y a dónde me esconderé

para no escuchar estas obsesivas

visiones

y los cantos inclementes

que presionan teléfonos en la madrugada

o en mis sábanas mojadas de terror.

 

Cantos como ratas implacables

que hablan de ciencia

y olvidan tu desprotección

tu más profunda debilidad

la debilidad de los que creen.

 

II

 

¿Es abismo o es un sueño?

Cuesta subir entre pájaros

que me miran como alfileres

como si algo

emanado

los ayudara a hacer coro

salmodia de mis remordimientos.

 

(Y más de un conjuro que traté

de cantar al Padre

para salvarte

lo ha consumido mi melancolía)

 

Cómo devoran las palabras

pasadizo de máscaras

como murallas de envidia

que me rodea.

Yo sólo me permito llorarte a solas.

 

Oh si supieras.

El sol implacable

es la ensoñación más temida

borrachera no buscada,

confusión de imágenes

mensajes incomprensibles.

 

Sólo el amor de tan pocos

te preserva de la mezquindad

del olvido.

 

Y más allá el tesoro

escondido

de tu amor.

Tu voz

como el canto de luna llena

en los durazneros de mi infancia.

 

Mis ojos se ahogan en este sol implacable.

 

Y qué hacer con los muebles corroídos

y las ratas

y las grietas de las calles

que impiden toda navegación.

 

Sólo me permito, ahora, llorarte a solas.

 

 

 

Remolino

“Porque mil años son ante tus ojos como

                                                    el día de ayer, que ya se fue”

Salmo 89, vers.4

 

Se arremolina el tiempo

con flores podridas

en la casona.

El tiempo robado

El tiempo mentido

engañador

de los que creímos

que la vida se extendería

como un juguete de la niñez

y ya viejos

aún esperamos trenes

en estaciones destartaladas.

 

La vida come al tiempo

con el engaño de la niñez sin fin.

En pasadizos cambiantes,

en las tormentas

se confunden las horas

como espejos sin azogue.

 

Largamente ocupa el jardín

el persistente verano

tan ilusorio como la oscura frialdad

del helado árbol

o la risa fingida

oscuridad de tormenta

en la fingida pasión.

 

Yo tenía ¿cuántos años?

y decidí quemar la vida

en la verdad de la historia.

Como si historia y verdad fueran tangibles

como una piedra

o verdaderas como el barro.

 

No cuarzo, ni relojes eléctricos

retienen ese transcurso de encrucijadas

y laberintos

en lo que creía camino recto

del tiempo arrumbado y acechante.

 

Sueños posiblemente plácidos

por su hermosa veracidad

en la tibieza del césped del verano.

Desnudo en una transparente casa

elevada entre céspedes plateados

la luna te iluminaba

entre las bajas paredes de vidrio.

Allí me esperabas

como se espera a los adolescentes.

Eras el único signo del amor.

 

Era el signo de tu belleza

encerrada sin tiempo en mi sueño.

 

Pero el olvido,

¿qué hacer con el olvido y la luz de la mañana

o las siestas turbulentas

que aturden los pensamientos

e incitan al olvido perenne de la arena?

 

Y sin embargo en mis sábanas estabas

en mis párpados estabas

como ejemplo de la primera belleza

triunfadora del tiempo.

 

Imán que mueve las agujas

y no desfigura la imagen.

 

Ni cuarzos ni relojes eléctricos

retienen ese transcurrir

que comienza cuando el alcohol

sustrae ese mundo no ilusorio

sino mío

como un sueño imprevisto

recodo impensado

vencedor del tiempo.

 

Y soy yo el sonámbulo

el que camina cornisas

el que impulsa inútilmente la tormenta

al remolino de las horas

en esa casona

que deposita despojos

minutos

hojas

pájaros borrachos

en las aguas hondas

como horas circulares

de estanques aceitosos.

 

 

 

II

LÍMITE DEL MAR

 

 

Límite del mar

 

Si el puerto es límite del mar

el cuerpo es límite de arcanos recuerdos

que apenas llegan a mi memoria.

Recuerdos deformes como vidrios tronchados

en mis sueños

desde mi adolescencia

cuando te reconocí.

Imágenes tenebrosas de un pasado

que te encargabas de rehacer

como el alfarero trabaja excremento

y arcilla.

 

¿Y qué harías?

¿A dónde te irías

sin mí?

¿A dónde te irías a esconder

para no declararte en estado

de soledad peligrosa?

¿A dónde irías

sino a los abismos tenebrosos de mis sueños

uno solo

ya:

mis sueños y tus tinieblas.

 

Lo nuestro fue un pasadizo

para ocultar el deseo de arcano pozo

y destruirnos.

Olvidábamos los aromos en flor

reflejados en el agua.

Ahora, en los bosques de la muerte,

entre la niebla,

¿me puedes oír?

¿Me oyes ahora que el canto desplaza planos

y reitera avatares de vida?

Como viajeros

que llegan a la ciudad ansiada

así nosotros

 

en la calma de nuestros cuerpos

sabíamos

en lo más profundo de nuestras miradas

que los aromos reflejaban

silenciosamente

flores amarillas.

 

 

Certeza

 

Yo moriré solo

como mueren los malos recuerdos.

Y me fundiré en tus ojos azules

-jamás podrían ser celestes-

vos, que te fuiste primero.

 

Oh, sol,

cómo oscureces.

 

 

Momentos de esplendor

 

-Si amas las flores de otoño, morirás en otoño.

-A mí me gustan las rosas, que florecen todo el año.

-Entonces tendrás cuatro muertes.  

Liliana Cavani, "The Berlin affaire" 

 

Comerme el pasado

como Cronos devoraba a sus hijos.

O mejor

comer de mí mismo los recuerdos

feroces

enrostrados en somnolientes

contiendas con las bestias

familiares.

Comerme el pasado, pisado

y dejar solamente

¿qué?.

Momentos de esplendor

en que vi volar tu sonrisa

frente a mi boca sedienta.

O comerme solamente

los recuerdos

el terror

como la historia devora cómplices

y torturadores

para no asumir los constantes asesinatos.

Comerme a mí mismo

como aquel personaje de Silvina Ocampo

para no dejar tampoco mi voz

olvido ya de mi nombre.

 

 

El cuerpo tiene

 

El cuerpo tiene recuerdos

que la memoria ignora.

 

¿Reconocerías en estas cuerdas

esta música

que viene de lejos

a comenzar el azul

del canto?

 

Sabes que tengo en mi sombra

despojos de espejos

que reflejan bandadas de pájaros

que huyen de la vejez.

 

El cuerpo tiene recuerdos

-desnudo adolescente

sostenido en aguas de hierbas

esmeraldas gongorinas

parque perfumado-

que la memoria ignora.

 

 

Grieta

 

La fisura no borra el escándalo

sino profundiza

territorios,

y la duda borrosa de estas llanuras.

 

Has visto algo que no puedes decir

ni siquiera entiendes lo visto.

 

Y las palabras te cercan

como imposibles sonidos

música de piedra

o silencio de las flores.

 

¿Y qué nombre dar a esa luz

que enceguece

en el lejano pasadizo?

 

 

Nombres

 

Hay nombres

que no pueden decirse

en medio de la noche.

 

Hay nombres en medio

de la noche

conjuros

para aventar el desierto

y saber que en esos sonidos

vivimos

o morimos.

 

Hay nombres

que se dicen en medio de la noche

como un pasaje

como un puente

hacia el pasado.

 

Reclaman el rostro

las manos

el sonido

de la caricia.

 

Humo perdido

en bosque sin pájaros.

Nombres

como flores de conjuro

hierbas conjuradas que dibujan

 

el vacío

 

en medio de la noche.

 

 

Ofrenda

 

Cuánto dar

a la oscura

magnolia

del deseo

por el rostro brillante

de nuestra juventud.

 

 

De viaje

Cómo te extraña mi espíritu

en esta carne que era toda tuya.

 

Mi ansia

también es la carne.

El infinito

que se derrama

en el cuerpo amado

por no poder derramar

mi eternidad en tu espíritu.

 

Sí, yo bien sé

cuántos actos de amor

fueron de amor,

de olvido

en viaje hacia la nada.

Como viaja el silencio

entre las sombras de los árboles

hacia el centro del verano.