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| Ediciones Juglaría - Rosario - Argentina |
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REENCUENTRO
Autor:
Griselda Di Benedetto
I.S.B.N. 978-987-1166-33-6
Lecturas de Reencuentro
Después de la primera lectura de Reencuentro, quedó una duda flotando en mi cabeza: ¿es éste un libro fantástico o maravilloso?
Recordé un viejo trabajo que habla sobre el tema: Imágenes, imágenes…, de Roger Caillois y, lejos de aclarar mis dudas, las aumentó.
Dice Caillois: El mundo de las hadas es un universo maravilloso que se añade al mundo real sin atentar contra él ni destruir su coherencia. Lo fantástico, al contrario, manifiesta un escándalo, una rajadura, una irrupción insólita, casi insoportable en el mundo real.
Es posible que quien esté leyendo estas palabras, se pregunte: ¿qué es esto? ¿Hadas en un libro de poesía? ¿Este señor estará en sus cabales?
Pues sí, está en sus cabales. Porque Reencuentro no es un libro más, ni es un libro tranquilo.
Las hadas pertenecen al mundo de lo maravilloso y, aunque no se dejen ver, recorren estos poemas del primero al último, “añadiendo al mundo real sin atentar contra él” la dosis de amor, de ternura, de belleza, de esperanza, que hace falta para seguir girando. Quienes sepan distenderse, estar atentos, disfrutarán la maravilla.
Además, este mundo encantado es armonioso, sin contradicción, no obstante fértil en peripecias, ya que conoce, él también, la lucha del bien y del mal: existen los genios malos y las hadas malas. Pero una vez aceptadas las propiedades singulares de esta sobrenaturalaza, todo permanece notablemente homogéneo. ( R. C.)
Ahora bien, si aceptamos con Caillois lo fantástico como “una irrupción insólita, casi insoportable en el mundo real”, cuidémonos de Reencuentro porque allí también están las desidias de un dios caído; los testigos del dolor; las cegueras abiertas; el cansancio, los silencios aguados y los gritos callados; los desesperanzados; ángeles indefensos; perder lo que jamás se ganó; reclama, te pertenece la verdad como a mí.
Allí estará Griselda irrumpiendo en el alma de quienes, cómplices de sí mismos, puedan mirarse hacia adentro y redefinir el sentido de su preciado “mundo real”.
El prodigio se vuelve aquí una agresión prohibida, amenazadora, que quiebra la estabilidad de un mundo en el cual las leyes hasta entonces eran tenidas por rigurosas e inmutables. Es lo Imposible, sobreviniendo de improviso en un mundo donde lo imposible está desterrado por definición. (R. C.)
Definitivamente, Reencuentro es a la vez maravilloso y fantástico.
Voy a una segunda lectura del libro, esta vez para tratar de descubrir esas “figuras tontas en un vidrio tan lleno de nada”, que Griselda dibujara con el dedo una noche de frío y desasosiego.
Leo entonces un canto.
Un largo canto de amor.
Y me vienen a la memoria las palabras que Rainer María Rilke escribiera a su discípulo Franz Kappus, en Cartas a un joven poeta: Amar es más bien una oportunidad, un motivo sublime, que se ofrece a cada individuo para madurar y llegar a ser algo en sí mismo; para volverse mundo, todo un mundo, por amor a otro.
Para volverse Mundo, primero hay que ser Uno Mismo, y para eso es imprescindible el amor.
A través de estas páginas Griselda ríe y llora, cae y se levanta, pero no pierde de vista su horizonte: el amor. El amor a todo y hacia todos, “hay que vivir para ver / cómo ha sabido crecer / tanto misterio en la flor…”, canta Silvio Rodríguez, en Qué signo lleva el amor, reafirmando la búsqueda de la autora.
Rilke dice también: Líbrese de los motivos de índole general. Recurra a los que cada día le ofrece su propia vida. Describa sus tristezas y sus anhelos, sus pensamientos fugaces y su fe en algo bello; y dígalo todo con íntima, callada y humilde sinceridad. Valiéndose, para expresarse, de las cosas que lo rodean, de las imágenes que pueblan sus sueños. Y de todo cuanto vive en el recuerdo.
Y es cierto, recorrer estas páginas es recorrer la vida en todas sus facetas. La transparencia de Griselda es tan grande, que si miramos con atención las palabras dibujadas en ese cristal húmedo, notamos con claridad cuáles fueron escritas con más fuerzas, cuáles con las defensas bajas. Todas ellas conforman un único, extenso poema, que es este bello libro.
Hay una canción que se va cuando llego
sospecho se trata de un tema total.
Un ama de llaves de todos los juegos,
un pájaro eterno y un sol colosal.
Hay una canción que me esconde su fuego,
hay una canción que será mi final.
(S. R.)
Espero que lo disfruten.
Reynaldo Uribe
Diáfano
Cuando yo no esté,
no quiero una tumba de lamentos,
cuando de este ser, solo queden las escarchas,
no me busques en la tierra, ni en el cielo,
cierra los ojos y víveme en un eterno presente,
si mentiste algún día, no te reclames nada,
las almas solo saben de verdades,
si algún recuerdo provoca una lágrima,
sécala rápidamente y que nadie se entere,
ríete, sonríe a carcajadas,
ese fue mi máximo deseo,
en eso trabaje estando a tu lado,
si necesitas de mi presencia,
busca la estrella…, la más pequeña
allí me encontraras, disimulada
para que nadie sospeche,
que te estoy extrañando,
si preparas un mate,
saborea el amargo, del agua clara
jamás olvides aquella mirada,
llena de verdades y silencios
di lo que pude y lo que quise,
ame mi libertad, mas que al viento,
supe de esperas largas,
sentí paciencia infinita,
renegué de un sistema injusto,
disfrute de mis sueños,
de mi hija, de mis afectos, mis libros, poesías, y aquella música de letras románticas,
sentí en el alma cada milímetro de nuestra amistad,
hable de locuras,
de besos eternos,
abrazos de oso, y de autoridad contagiosa,
algunos no entendieron,
yo se que vos si,
será talvez una despedida, prematura
no lo dudo,
pero no deseo confusiones en mi partida,
alguna vez escribí
griselda, mujer, madre y algo de poeta,
no marques en el almanaque,
el día en que marche,
brinda en cada cumpleaños,
no me lleves flores y menos violetas,
no me llores a un costado del camino,
cuando desees hacerme un regalo,
abraza a mi hija,
has sonreír a un niño,
dale esperanza al desesperanzado,
y yo gozare del ramo de violetas más bello que puedas imaginar,
no te pido que me extrañes, no te pido que me olvides,
solo pido que me vivas en el centro de tu alma,
no deseo la memoria de tus manos,
es parte de un envase ya muerto,
cierra los ojos, y háblame en nuestro idioma,
no pienses en mi partida, siempre ten presente mi llegada,
no te enfades con el dueño de mis penas,
algunas veces padecí por elección propia,
y las otras ya no las recuerdo,
de los que queden después de mi viaje eterno,
de mis amados afectos,
recuérdales, vos, que me conociste en un todo,
que en esa estrella, la más pequeña
allí estaré, simulando,
para que nadie sospeche que los estoy extrañando,
esta carta no tiene dueño,
estas palabras son solo para el que entienda,
sabrás al leerme que fuimos almas gemelas,
podrás ser un afecto, un amigo, un familiar o bien un desconocido,
pero se que no es en vano lo que escribo,
se que vos estas entendiendo cada letra,
la parca sorprende en esta tierra,
y sabes muy bien,
hace tiempo atrás perdí mi capacidad de asombro,
y no será ella la que me sorprenda,
le sentí el olor varias veces,
quisiera transmitirte alegría,
pero si, ten por seguro,
que mi ser tiene paz y calma,
que del otro lado,
te estaré esperando,
para fumarnos juntos,
el cigarrillo del reencuentro,
no te aflijas, no pienses que estaré sola,
se de los otros que partieron antes,
se de los abrazos de ángeles conocidos y queridos,
nada será vació, todo estará de manera soñada,
sécate esa lágrima rebelde,
no podrás leerme con claridad,
no me despidas, nada es tan corto,
mi alma es eterna, no lo olvides,
y cuando leas, éste mi libro,
abrázame en silencio,
y festejemos el reencuentro.-
Griselda.