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| Ediciones Juglaría - Rosario - Argentina |
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RELATA
Autor:
Mercedes
Yafar
Atardeciente mirada de
soslayo
escribe,
amiga, un comienzo del día.
Sólo
Safo escanciará la copa
de
ella bebe Alceo.
Incesantemente
en una espera se hace el verso
aquello
que Glauco no alcanzó a saber
lo
soñó el poema.
Sí,
del encantar sabe Layo
tiene
razones para hacerlo.
Miro
la tarde
y
me digo
atardece
escribo
sólo
es el ocaso del día
se
abre el espacio de las Hespérides
en
la vigilia
a
las manzanas de oro
cantan
junto a la fuente
incesantemente
el
reino
amanece
en
Lucifer
En
las parciales desmultiplicaciones
se
iban corriendo los múltiples
de
Glauco pendía la persecución
parecía
bastar el crédito de morir y volver a la vida
parecía
bastar que el adivino supiera la palabra
el
enigma del color de la vaca
parecía
bastar que el intermediario actuara
parecía
bastar la reiteración de la obra de la víbora
parecía
bastar la transmisión de la fórmula
Glauco
no
alcanzó a saber que desmultiplicar no es dividir
no
alcanzó a saber
que
los ratones como las cucarachas van delante
Ni
en los días equinocciales
mira
Sosías
la
media no puede
recomponer
el rostro
Son
fungibles
los
dibujos de los vitrales
el
frío corre
el
aliento se desprende
y
tu figura
se
sigue desatando
en
la hechura
Cuando
mira qué mira la borrachera del Sileno
acaso
la nariz chata
acaso
la
cola del sátiro
no
sabemos qué dormir primero
ni
dónde
la
vista pueda
tornarse
agua
Ceguera
de los pozos
curva
que circunvalidan
fluctuantes
en las viscosidades
reptan
los silencios
que
Sinón espía
Los
alodios son utópicos
lo
sabes
si
alguna vez
fuiste
cristo o magdalena
En
el deshielo
ceden
amenazan
las
grietas
Los
pastores creían
que
era un invento
que
debía tener un inventor
supusieron
haberlo
olvidado
requerían
para el uso
la
asignación de un derecho
creían
que el olvido
ocupaba
un lugar
o
desplazaba un lugar
que
se tornaba insostenible
en
ese lugar sujetaron
al
lupercino dios Pan
con
el nombre se creyó
que
se tenía el recuerdo
I1.2, 672
Del
encantar
sabe
Layo y sabe Crisipo
en
Kháropos el varón
centellea
en el hijo
el
más hermoso de los dánaos
Lo
dice el pergamino
en
el palimpesesto
que
abrumado
borra
y escribe
el
olor del pan con levadura
antes
de cocerse
Si
sea erosión
de
lo sagrado
la
ironía o el sarcasmo
no
llegaré a saber
en
qué cuerpo asesta el golpe
otra
y otro
trayectan
el desafuero
privación
y ahogo de palabras
irrumpiendo
entre
la comisura de los labios
el
jardín de las delicias
Hypó
el adverbio debajo
rigiendo
al nombre debajo de
de
debajo de
se
hace en el phero
aquello
que no cesa
de
ser llevado consigo
siempre
un sobrepuesto
donde
se torna inútil
la
trinchera
De
la alquimia prende
no
el oro ni los otros metales
sino
su transmutación
tampoco
son las aves
las
vulnerables
sino
el vuelo y la caída
no
hay arrebato en cada astro
el
logos del astrónomo
ofrenda
e impreca la posición
se
disimularon
sin
embargo
los
tornasoles
extraviaron
el enigma
al
punto de olvidar
de
la fórmula encantatoria
el
secreto
Herética
hypophorá
pertinaz
opone
sujeta
denomina
en
acto
seducción
ofrenda
que
en
aquello que se lleva
la
muerte
de
la que
se
venga
va
delante
o
va detrás
no
hace del círculo un plano
aunque
los contenga los transporte
al
axioma al apotegma
a
las evidencias
al
sí al no
a
los preceptos
al
primero
al
más allá
la
lengua lata
es
una alquimia
alquimia
de
la lata lengua
múltiple
azorada
o dormida
La
persistencia
transita
en el significante
corre
cae se desmaya
otra
sutilezas
arcaizantes
de
la lengua paragógica
La
carta lleva el silencio
del
alba
el
silencio de las voces
en
ayunas
No
es la misiva
altisonante
del
suceso marcado
ni
la epístola
que
arma a la letra
en
recado
La
carta se hace
estrechando
los
fulgores
del
caire
La
cara que mira
la
de arriba
la
que aparece
lineal
o curva
graficada
en el plano
gira
trastoca
la
inclinación de arkhé
Se
irisa
se
difumina
la
serie
phaíno
phántasma
phanerós
phemí
el
rumor
se
expande
retorna
olvida
los
márgenes
Escucho
el
canto de las sirenas
no
pude desasirme
el
deseo dicho en Circe
se
nos vuelve
en
la voz de otro
a
otros
debo
no
podía no
no
escucharlas
el
solo canto me hizo mímesis
aledaño
del
mar
del
azar
desleído
se iba
las
sogas me desataron
cierto
no es
el
sabiendo más que antes
TIEMPO
fingo
el
poema dicho en la espesura
de
aconteceres que no anecdotiza
relampagueos
percudidos percutientes
menguados
se pliegan en las letras
en
tanto retirándose reiteran
ayer
me
parece
fue
ayer
perdí
a mis padres
acaso
no
era un extravío
en
tanto
no
los quise buscar
fue
hoy ayer
me
detuvo Atenea
La
figura de un pie, no yambo ni troqueo, pero vestigio de un ritmo extranjero,
diseña un umbral textual. ¿Cómo decir de quién es esta voz que venida del
silencio hace habitable un lenguaje olvidado? Hablar de ese lugar, en Mercedes
Yafar, es escuchar el sitio de la extranjeridad de una lengua, la griega, mama
embebecida donde aún se hace eco lo familiar y es allí vientre, y en su
desaparición, poema. Poemas titulados todos en un orden de la escritura,
Relata habla de su singular experiencia lírica. A ella la llevan las Hespérides,
Sinón, Glauco, Atenea, Sosías, Pan, hablando una versión infinita del mito
compartido en un presente perpetuado por el gesto safiano de escribir para los
amigos.