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Ediciones Juglaría - Rosario - Argentina

 

 

 

 

RESTOS DEL NAVIO

Autor: Celia Fontán

 

 

Ediciones JUGLARIA - 1994

 

 

                                             “¿Soy yo quien sobra

                                             en los lugares del pasado?”

                                                             Bernardo Atxaga

 

 

 

 

                                                            CUERVOS

 

 

Atardecer con pájaros

 

Iban al ciprés los pájaros negros,

de allí al este,

a los últimos árboles altos de la costa.

Y esas imágenes vuelven

cuando te recuerdo

entre las rápidas oleadas del crepúsculo,

y en la taza de café queda una isla oscura,

una borra apagada

donde puede leerse tu destino y el mío

discordes,

sucesivos

mientras pasan los pájaros

esta vez

hacia el sur.

 

 

Muelle del nunca

 

Grieta oscura,

el muelle se quebranta

y el capote del hombre

danza ingrávido,

un borrón que divaga,

que divaga...

Sólo al tras luz,

las dársenas inglesas

y el leve peso

del cuerpo ya angostado

que era tibio hasta ayer

y, bajo el trazo

del poema perdido,

la escritura

ahora sí

de su sombra, de su paso.

 

 

Los acantilados

 

Vuelves

a los acantilados,

a ser

tu propia sombra

junto a las altas piedras.

Aquello que fue verdad

quema

y su calor se parece

demasiado a la muerte.

Aquello que fue mentira

es el viento que sopla,

allí, donde estás viva.

 

 

Kafka

 

Grafía del insomnio,

hay un hombre que escribe de noche,

graba la muralla, la tiniebla,

reconstruye

paso a paso el foso,

la hendidura

que precede al derrumbe,

Que nos fue dado nacer así

e ir tan a tientas

mientras el orden

urde la sentencia

y ciego dictamina

y no queda

ya para nosotros

más que el valor de la vigilia.

 

 

Bajo la llovizna

 

La voz del loco

en la calle vacía,

su bella voz,

el sonido

sin furia,

el bramido

de animal sin salida.

Voz de jaula,

de jade,

de jauría.

Bajo la llovizna,

el eco de algo roto

cuyas partes

aún claman,

aman,

arden.

 

 

Cuervos

 

John Allan

no dejó

ni un céntimo para Edgard Allan.

 

John

ignoraba

que su gesto sería

mísera cáscara,

oquedad sin fin,

y que el nombre de Edgard Allan Poe

devendría

en alabanza en los años por venir.

 

Nadie es profeta en familia.

Nadie sabe

qué cuervos ha criado.

 

 

 

 

MIRADA

 

 

Composición

 

Miro el grabado

de la crónica de Schmidel.

A la izquierda,

las empalizadas

que amurallan las chozas,

el reparo.

Afuera,

donde las líneas convergen,

se equilibra el diseño

en los maderos

de los ajusticiados.

No sólo en el hostal

tiene el lecho su precio,

en cada huerto pende

la soga del ahorcado.

 

 

Encuentro con Max Ernst

en el Museo Castagnino

 

Yo creía haberte olvidado,

pero estabas allí,

nunca te habías ido.

Y ese señor que cómodo naufraga,

sentado en su sillón predilecto,

bajo la lámpara habitual

no sabrá nunca

de tu risa poderosa de villano

tras el bostezo de los parricidas,

cuando caiga en el agua

su sombrero.

 

 

Liber Fridman

 

Piedras negras

para una tierra de costumbres volcánicas,

y el insomnio de las mujeres dementes

porque no llega, a la hora del caldero,

el grano de los dioses.

¿Sólo el desvelo, la viva intemperie

acompañará

los pájaros,

a las criaturas que emigran

en sus carromatos

hacia arenales que aún no han nacido?

 

 

Soldados de Zapata comiendo pan

                       (1916)

 

Todo parece un sueño,

nada

tan irreal como las revoluciones.

Sin embargo,

esos hombres de miradas ardientes

comieron su pan.

 

 

Trigal con cuervos

 

             “Regreso al cuadro de los cuervos...”

                                Antonin Artaud  

 

Ellos siguen estando allí

como al principio,

trazos negros de arrasado fulgor,

la mirada que va

de la tierra

a la entraña

de un cielo quemado por lo oscuro,

porque la miseria

no tendrá fin,

no lo tendrá

escucho las alas de los cuervos

llamar con golpes de fuerte címbalo

y estoy de acuerdo

con todo

estoy de acuerdo.

Importa que el trazo resplandezca.

 

 

MUJER CON GUITARRA

 

 

“Me oculto detrás de la guitarra para

intentar cantar con ella...”

Paco de Lucía

 

 

Mujer con guitarra

                          A    Ana Victoria Lovell

 

Ella tiene una guitarra entre las manos

y su cabellera de presagios

se hunde en las molduras

del respaldo

de una silla casi vegetal.

Pulsa acaso las magnolias,

la entrevista

enredadera de floración azul.

Ella es mi voz más oscura.

 

 

Belles de nuit

                             A Rosa Gronda

                                   y Jorge Cappato

 

Bellas de la noche

en la aguada profunda.

Ella aguardaba algo del mundo.

Maravillas,

deidades de la sombra

en los cercos floridos.

Ella enhebraba las campánulas.

Sabía de los cercos

que aún los florecidos apresaban.

Ella aguardaba algo del mundo,

un simple gesto

para poder saltar.

 

 

Los reinos

 

Oh, los amantes,

las sábanas, los reinos, el sonar

de la arena en los muros,

el barco cruzando el pozo de la noche,

la marea del viento.

Flotaban

sobre las ciudades sin rozarlas,

sobre techos de zinc

y delicadas

cúpulas,

torres,

atrios,

campanarios.

Oh, los que brotaron de las lluvias

o del deseo de los caminantes,

amanecieron muertos en el lecho

mientras el reino

lentamente se hundía.

 

 

Demolición de la casa

      y de su sombra

 

Mientras juega

en el fondo

de la noche

tu corazón demuele

aquello

que llamábamos la casa.

Entonces

cae

todo

lo que puede caer,

el gesto mismo

de toda la casa

se derrama.

 

 Y con la casa

también

cae

piedra a piedra

la sombra

de la casa.

 

 

               Ráfagas

en el jardín de las cenizas

 

Imagina un jardín

de aire y ceniza,

imagina la transparencia de las rosas,

las líneas enervadas del hibisco.

Luego,

imagina el viento en el jardín.

 

 

            Memoria

del jardín de las delicias

 

Altos pétalos

y ese lento edén en el olvido,

momento del estruendo,

de músicas que ardían,

ese perfume

desquiciado

en el aire.

 

 

Saga

 

Ella, la que siempre regresaba, no ha vuelto,

ella trocó el desacierto

por el encuentro con el caos final.

Giraba, giraba

diciendo

busca un lugar

busca un lugar para ti, mi pequeña,

que yo aún no lo he encontrado.

 

 

LEJANÍSIMO

 

 

“...y son tus manos las que echan leña a la hoguera

o destruyen

sin compasión,

los botes del naufragio, no siempre imprevisto.”

                                                             Carlos Latorre

 

 

 

Los ojos de las ahogadas

 

Los ojos de las ahogadas

en los vidrios.

Lejos ocurren los naufragios,

lejos

una agua oscura que gotea.

Los ojos de las ahogadas

en las puertas,

aquí,

en este espejo.

 

 

De navegantes

 

Entre las ropas del ahogado,

el manual de naufragios.

 

 
Preguntar en la niebla

 

¿Y la muchacha que corría en la cubierta

de aquel barco ucraniano?

 

 

El regreso de Ofelia

 

Dormida

entre pétalos negros,

para qué vuelves

flotando en la oquedad,

si todo era posible,

si la fiesta

del amor te esperaba.

 

 

Amor de náufragos

 

Largos días se amaron en islas de madréporas,

bebiendo la fragante espuma del vacío.

Y hablaban de un barco

y esperaban.

En días demorados fueron cuerpos azules

apagando las últimas hogueras.

 

 

Restos del navío

                    A Susana Valenti

 

De esta sombra la noche,

de estas arduas astillas,

mis antillas,

que tan próximo estaba

el quiebre dela dicha,

la isla

del ahogo.

El agua, que es la misma,

lo sabe

y resplandece.             

 

 

Lejanísimo

                     “Ella miraba el mar

                       y el mar decía lejanísimo”

                                                  Beatriz Vallejos

                                   

Ella mira ese mar

que nunca ha visto,

la línea en fuga de ese mar que parte,

y la envuelve la voz

y las salpicaduras

extrañas,

frías.

¿Quién cruzará

esos mares,

la demencia

de los mares sin término

ni hastío?

Ella mira ese mar que se va yendo

y se va con el mar

que nunca ha visto.

 

 

EL VIAJE INFINITO

 

“Y todo lo que debía desaparecer

todo lo perdido

hay que volver a encontrarlo

por encima del sueño

hacia la noche.”

                       Philippe Soupault

           

Las ráfagas

 

Aquellos espejos

relejaron

las imágenes

más deslumbrantes de mi juventud;

pero aun esas imágenes

estaban barridas

por ráfagas enormes

de un viejo viento helado.

Por sólo entrever

las rosas del edén

pronto fue tarde

y turbio

el rumor parecido a los remansos.

 

Y ahora esas imágenes son alto tan remoto

y  polvo

tan leve;

breves vestigios,

vértigos, visajes

que fueron entregado al asombro.

¿Construimos

acaso para el viento

esas llameantes frondas?

¿Sólo para el olvido?

 

Ya no hay

ni un rescoldo

para la nostalgia

ni para morosas cobardías

y nuestros hijos aguardan en los jardines

ser ungidos para la dicha

(ellos no serán esos niños perdidos

que fuimos

en los fondos lentos

de un tiempo

que aún aguarda

en la bruma

 su figura).

 

Bajo la lluvia, la prisa,

el dolor,

la paciencia

veremos qué largo y cruel

suele ser el camino

que conduce a la raíz de nuestros sueños,

y qué áspero es el viento

que agita

la morada de nuestros corazones.

 

 

Cabaña junto al mar

 

Al anochecer

ella miraba

hacia las dunas

con un temor incierto.

las hojas de los diarios

rozaban la arena

que empezaba a enfriarse.

 

 

Ella ya no siente ese temblor,

la casa tambalea,

ráfagas perdidas

que cambian los médanos de lugar.

 

No fue entonces

que vio

las dunas desbordadas,

(sólo el mar era así)

ni se estremecía de miedo

entre sus brazos

cuando  aullaba el viento de la noche

y, a lo lejos, el mar

se estrellaba en los riscos.

Ella simulaba temor

y si temblaba

era por el mar

que parecía decirle:

ven hacia mí,

ven

hacia mí

a danzar.

 

 

Coreografías 

                  A la memoria

                  de Isabel Taboga     

 

Momentáneas mareas,

no se alcanza

ni siquiera en la danza

el equilibrio.

Sólo el sutil,

sólo el breve martirio,

el tuteo en el clímax

con la nada.

Esa torpe cordura

en el abismo

y  luego

y a la vista

la emboscada

como si de pronto

todo fuera

solamente ese golpe

y no importara.

No hubo vuelos

de echarpes,

muselinas

de otros tiempos,

apenas el desgarro,

el ahogo,

el asedio,

la neblina

que empañaba

ciudades

y escenarios.

 

¿Se sabe

en la agonía

o en el éxtasis

lo que somos,

lo que buscamos ser,

eso que fuimos?

 

 

El viaje infinito

 

He tratado

de recobrar

aquella noche,

o por lo menos

de reconocerme

en el centro

de esa noche

y cuando hablo

de lo entrevisto

en realidad hablo siempre de esa plaza,

y estoy allí, sentada,

y hay una iglesia blanca

que el recuerdo enfatiza.,

casi rosácea

en la luz irreal,

y está su mano delgada 

muy ceca de la mía,

la felicidad

tan cierta y fuerte como un dolor.

Pero lo que está a punto de ocurrir

no ocurre,

y el viaje se desvanece

y yo quedo

al borde del amor

y del viaje infinito

intentando recuperar el resplandor

de la plaza iluminada,

porque nos volvemos

esa misma noche

 y no alcanza el tiempo

que después sobrará.

 

 

CARTA A  THEO

  “Tengo otro huerto para ti, pero por Dios hazme llegar los colores cuanto antes. La estación de los huertos en flor es tan pasajera, y sabes que esos temas alegran a todo el mundo.”

           Vincent Van Gogh, "Cartas a su hermano Theo"

 

 

 

Carta a Theo

 

Mándame, entonces,

el cadmio,

el cinabrio,

también un bermellón

y un esmeralda,

minio naranja

y amarillo cromo

y ese azul de Prusia

que de prisa

en el sesgo del huerto

se ha quebrado.

Puede ser

un verde Veronés

pero tiene que llegar

antes que tarde,

no morirse de pena el ultramar

en el mar de los malvas declinantes.

sabes que la luz

es siempre pasajera

y el azul de cobalto

va en amores

que no duran ni quedan.

Cromos, pomos,

lacas de rubia sobrias

que no untuosas,

hay todavía luz

y están los huertos

de intensos perales florecidos.

No te olvides

del blanco de titanio.

 

 

 

            Celia Fontán nació en Rosario. Es profesora de Letras egresada de la U.N.R. Ha publicado: Ha crecido el césped (1974); Los árboles rebeldes (1975); De cruces y señales (1976); Hijas del mar, Premio Edición de la Fundación Arcién (1981)  y Los habitantes de Valdrada, Premio Municipal “Manuel Musto” (1989).

Colabora en diarios y revistas literarias del país y del exterior