ULTIMOS TITULOS

INFORMACIONES

COL. JAZMIN DEL PAIS VOCES DE POETAS
REVISTA JUGLARIA SITIOS DE POESÍA
REVISTA CASA TOMADA

COMUNIQUESE

 

Ediciones Juglaría - Rosario - Argentina

 

 

 

CIUDAD SIN SUEÑO

 

 

Ediciones JUGLARIA - 1996

 

 

No duerme nadie por el cielo.

                   Federico García Lorca

 

  

Tanto soñé contigo,

tanto caminé y hablé

y tanto amé tu sombra

que ya nada me queda de tí.

                          Robert Desnos

 

 

 Muerte cuídame

porque sin mí

tú te mueres.

                  Rubén Lena

 

 

 

POETA POR LA CIUDAD

a Federico García Lorca

 

Qué pueden tener las calles

las sucias turbias calles del Bronx

el alba mentida de New York

con su saxo como aullido de perro asirio

o la muerte por soledad en Vermont.

 

Qué puede tener una ciudad sin sueño

con sus caballos en las tabernas

y las hormigas furiosas

que atacan cielos amarillos refugiados

en los ojos de las vacas.

 

Qué puede tener, qué puede tener

un poeta en New York

que no tenga una prostituta un vendedor de pescado

un bandoneón en la radio de los bares

un judío levantando la persiana el ciruja

balbuceado desde el olvido

o el vendedor de queso que arrastra

el nauseabundo olor de su comercio

hasta la cama donde parirá a sus hijos.

 

Cuál será la diferencia

entre el mascarón de proa

que trajo las ratas de Battery Place

y las de San Juan y Mitre,

confundidas en las cubiertas entre

los que encadenados perdían el sueño

o los que soñaban por soñar porque su sueño

no se turbaba con cadenas, explosiones,

las espinas del pescado

las cáscaras de queso

o el olor a leche de macho alzado

sobre los muslos el olor a alcohol

la lengua lúbrica igual

que complaciendo a un animal.

 

Cuál es la diferencia entre Brooklyn

y las esquinas de Pichincha

las opacas, las que no tienen

resurrección en los finales

ni esperanza en los amaneceres.

 

Qué nos distancia, New York,

si el bandoneón y el saxo

comparten un idioma

asesinado por el cielo

y las piernas, aquí y allá,

son más hermosas con medias negras

y el alcohol, aquí y allá,

tiene otro gusto compartido con amigos.

 

Mientras tanto

en Harlem y en el Bronx

en Moreno y Weelwright

o en Laprida y San Luis,

un saxo aúlla, un bandoneón

en celo reclama al ciruja al poeta

a la dulce prostituta

a los asesinados por el cielo

a los que no tienen resurrección en los finales

ni esperanza en los amaneceres

balbuceados desde el olvido.

 

 

RETRATO DE MUJER

 

Los nombres de mujer

no se escriben con tinta

ni llanto sangre o aerosol

sobre las piedras los nombres

de mujer no se graban en la corteza

de los árboles no sirven

para encabezar poemas. Los nombres

de mujer no quedan bordados

en las sábanas no quedan

en las cartas no caen

sobre los manteles no se ocultan

en la luz en las tinieblas en la sombra

de los objetos no caminan

sobre la huella de nuestros pasos.

Los nombres de mujer no se pierden

ni quedan confinados a un conjunto

de letras sin sentido. Los nombres

de mujer no se escriben no se recuerdan

ni se olvidan

no son

sino esa imagen de nuestro

propio rostro en el espejo

que nos mira en silencio

que nos mira fijo nos pregunta

qué hicimos para merecer

su nombre.

 

 

VISITAS

a mi padre

 

Una palabra cae

desde el borde del silencio

y rueda implacable hacia el absurdo.

 

Entonces aparece tu silueta

tiene sombra se refleja en el espejo

comparte mi whisky reprocha

mis visitas infrecuentes al panteón

familiar y mi mano busca

la palabra caída la palabra

que hable y rompa mi silencio

mi asombro mi mano para estrechar

tu mano recordar tu voz

para que este absurdo sea implacable

diálogo entre tu palabra

y mi silencio tu mirada

y el abrazo a esta sombra

que desde el silencio el absurdo

o la advocación a la palabra

me pone en el umbral

del panteón familiar.

 

Entonces soy yo el que te visita

sentado en los escalones de mármol

de espaldas a la puerta a la tarde

que no proyecta mi sombra

sobre el piso no refleja mi rostro

en el lustre impecable de tu lecho.

 

Cómo no quedarme sin palabras

si en los bordes del abismo siento

tu brazo cálido sobre mis hombros

y el silencio va marcando nuestros

pasos nuestra imagen nuestros

cuerpos reflejándose

en los mármoles bruñidos sentados

distendidos prestos para conocer

los últimos sucesos de cada uno

la última emoción el último

intento para alcanzar lo imposible.

 

Una palabra cae

desde el borde del silencio

y rueda implacable hacia el absurdo.

 

 

OTOÑO

 

Una noche brumosa de Nueva York

o Pichincha no recuerdo una tarde

una mañana de sol de madrugada un feriado

un amanecer un miércoles cualquiera

un hombre cae se doblan sus rodillas

y cae derramando sus palabras en la vereda

cae el hombre y sus palabras en la vereda

sucia sin baldosas en la vereda encerada

en una vereda cualquiera de cualquier

lugar pisada por los abnegados

enfermeros de la guardia de emergencia pisada

por diligentes policías que no encuentran

al culpable pisada por curiosos por viciosos

por periodistas por la amable mujer que barre

las palabras con las hojas secas con los fósforos

apagados los chiclets secos los restos de algodón

como si fuera lo mismo morir en Nueva York

o en Pichincha a mediodía o en feriado

morir de muerte natural o conspirando

derramar palabras o una inmunda sangre

recordada en la mesa familiar ante la carne

jugosa o en un vulgar análisis de colesterol.

 

Y con el tiempo la memoria confunde a las abnegadas

almas de Nueva York y Pichincha a los enfermeros

a los policías la memoria confunde a los viciosos

a los periodistas y dicen que fue

un fósforo que quemó un hombre

una mañana de sol de madrugada un feriado

un amanecer un miércoles cualquiera

que se atragantó con un chiclet que el algodón

estaba infecto porque era reciclado

que el culpable no aparece que el culpable

fue condenado a cadena perpetua fue barrido

por una mujer su cómplice y la prueba número uno

la escoba no aparece.Las palabras caídas

mientras tanto siguen allí en la alcantarilla

tapando a las hojas secas que caen tapando

a las palabras que caen y nadie

está dispuesto a recoger.

 

 

ESCALERAS A ALGUN LADO

 

Diariamente

un hombre pisa

un nuevo peldaño o funda

una ciudad sobre sus ruinas.

 

 

SEÑORITA SENTADA EN LA PENUMBRA

a mi país

 

“Del salón en el ángulo oscuro”

Gustavo A.Bécquer

 

La señorita sentada tiene el nombre

vibrante de la plata anteojos de carey las manos

delgadas pálidas los dedos

delgados pálidos la señorita

su rostro todo.

La señorita ve pasar

tras los geranios tras las rejas

del balcón tras los anteojos

de carey sus manos

su blanco rostro de señorita

que la mira desde el tiempo sentada

blanca su puntilla blanca

de azahar sus ojos

tristes detrás de los cristales

su nombre antiguo.

Y una lágrima rueda

hacia los biscuit y cae

por las teclas pálidas por sus dedos

pálidos construye mientras cae

un Ave María de Schubert que no alcanza

para hacer sonreir a los retratos familiares.

Pero la señorita no cae

no alcanza la vida para doblar

sus hombros su columna sus bordados

no caen los geranios ella

sueña no agota su tesoro

y su cajita de música aleja

oscuros nubarrones ella sueña

tras los anteojos de carey las manos

tan frágiles para proteger un sueño

o su nombre noble y su mejilla

se colorea su sueño

un fino pincel con acuarela su mejilla

como el pétalo de una rosa

con una gota de rocío.

 

 

TABALAGO

a Alfonso Nassif

a Albertito Biscayart

 

Nuestros muertos no están muertos.

Sólo regresan a los sueños

a los recuerdos de su propia infancia

o cruzan antiguas fronteras,

aquéllas vedadas por los cánones de la razón

que guardaban ocultos pasaportes y pijamas

y una mirada ansiosa como moneda de cambio.

Los muertos no están tristes ni extrañan

la vagabunda presencia en el paisaje cotidiano

de su antiguo mundo. Apenas nos visitan

y beben nuestro vino abierto cuando nos damos vuelta

o tienden una mano suave sobre nuestro cuello

cuando tejen su trama la soledad y el silencio.

Nuestros muertos no están muertos

ni nos olvidan, aunque pocas veces

los invitemos a la mesa. Ellos esperan

para revivir nuestra infancia,

guiarnos por esas tierras sin fronteras,

contener la risa detrás de las cortinas

esperando el momento justo para robar el vino

de aquéllos que olvidaron compartirlo,

o simplemente sentarnos en el suelo

llorar en silencio

y acariciar al amigo

suavemente

para que no despierte.

 

 

IMPOSIBLE EN GRISES

 

A veces

demasiados lugares amanecen en gris

(como un amanecer de luna)

y un velo se extiende sobre la tierra

sobre el paisaje las ciudades los hombres

que caminan al amanecer los que duermen

todo

hasta lo oculto lo no dicho lo que no tuvo

tiempo de soñarse, se tiñe de imposible.

 

Y los días transcurren aparentemente

aunque el tiempo se detenga en la memoria

mientras la luna pasea de cuarto en cuarto

indiferente

ajena a las palabras o gestos solidarios,

ajena la luna amaneciendo en gris

sobre el paisaje las ciudades los hombres

la memoria de los hombres

como un velo que tiñe de imposible.

 

 

FUENTE DE LOS DESEOS

 

Entre árboles y estatuas,

la fuente de los deseos.

Las personas arrojan monedas

y deseos, claro, se supone

que es la misión de la fuente

y las monedas.

 

Pero la fuente de los deseos

no fue pintada entre árboles

y estatuas para oxidar monedas.

Ella muestra la transparencia de sus ojos

a los que escuchan sus propios sueños

o la conversación de las estatuas.

Ella pinta, bajo los árboles,

unos pocos deseos

guardados en secreto,

sólo algunos

sin monedas.

 

 

SUEÑOS

 

El hombre

sueña

con un hombre

muerto

y la muerte

siente

que se le escapa

un hombre.

 

El hombre

sueña

con un hombre

que sueña

y la vida

siente

que se le escapa

un hombre.

 

El hombre

sueña

con él mismo,

con sus sueños,

y la vida

y la muerte

crispan los puños

de impotencia.

 

 

VELADURAS

 

Un hombre sueña

con un paisaje tan real

tan armónico con su luz

en veladuras, que incorpora

una mujer al sueño, una mujer

con su cabello suave y libre

y le regala un vestido suave y libre

como la mujer y sueña también

con una flor para su cabello.

Sueña el hombre con un paisaje

tan real tan armónico con su luz

su mujer en veladuras con una flor,

que instala en el sueño un retoño

del árbol de la vida.

El hombre sueña que vive

en su paisaje en veladuras

con esa mujer con la flor en sus cabellos

su vestido suave y libre en veladuras

y el árbol de la vida tan real

tan armónico que el hombre

decide despertar dentro del sueño

para vivir en veladuras.

 

 

LOS TESTIGOS

 

El futuro esquiva mi mirada.

Entre sus ojos y los míos hay un espacio hueco

que desarticula todos los límites posibles.

 

No puedo condenarlo.

Yo no desciendo de los dioses

ni tengo la inmortalidad de la piedra:

apenas

soy capaz de vagar entre permanencias de otros

y mi memoria sirve

todavía

para reconstruir las ventanas

que me llevan de un mundo a otro

y regresar.

 

El futuro

tiene miedo a los testigos.

 

 

DE NUBES Y SOMBRAS DE LAS NUBES

 

Una nube

cae descalza

en la sombra

de unos pasos caminantes

y un hombre corre

temeroso

para esconder al único testigo

de sus sueños

y miserias.

 

 

BUSQUEDA

 

Busca, hijo, busca,

como alguna vez lo hicieran los antiguos.

Busca en tu niñez o la saga de tus sueños

entre las ruinas de la ciudad fantasma

en el aliento de desiertos y torrentes

o en el eco de tus pasos. Busca

en laberintos o en sagrarios

en la pátina de los escudos

en aquellas profecías en la música de los pastores

en los cráneos de los traidores lastimando

la luz con su reflejo. Busca

en olvidadas catacumbas en el rastro

de los cuervos cuando vuelan

en las sagradas escrituras en el sendero

del sol sobre el mar en el ocaso.

Busca

en las palabras que quedaron adheridas

al silencio o en aquéllas fecundadas

por aves y peces y abejas destiladas por fin

en el desvelo. Busca hijo

entre las piedras en la huella del viento

en la sombra que alguien olvida cuando pasa

en los caminos sin origen ni destino.

 

Busca, hijo,

busca.

 

 

EL CENTROFOWARD MURIO AL AMANECER

 

Aquellas charlas, amigo, aquellas charlas

están grabadas en las paredes de Nanterre:

“Corre, camarada, el viejo mundo

está detrás de tí”.

Y aquí, bajo otros cielos,

aquél mayo de Nanterre yo cumplía los 17

a los que quería volver Violeta.

 

Aquella charla amigo en que te dije

que el sistema anotaba un tanto en nuestras barbas

que nos quedamos dormidos en defensa

y a pesar de los avances no generamos situaciones de gol:

el sistema está entrenado, nos mató un amanecer al centrofoward

y al abrir los ojos nos entró nostalgia por la lluvia

nostalgia por la lluvia la de ahora es otra lluvia

el vino no es el mismo al sexo le pusieron saxo

extraviándolo de su propia melodía.

Sabés qué pasa mi querido amigo

no quedan tantas pensiones baratas

ni esas prostitutas de Eduardo Dalter que “no esperan a nadie y sueñan”

en la esquina de la Plaza López o en la cuadra del París

ni Federico dice “oye mi sangre rota en los violines”.

Preocupa eso sí el agujero del ozono pero nadie

pregunta por el dedo que se mete y escarba

corre camarada se viene el dedo

el viejo mundo debe quedar atrás, a la vuelta de una esquina

a la que faltan el buzón carmín

y un misterioso sobre perfumado que custodie

esa pequeña violeta ansiosa por dormir

eternamente junto al poema 20 de Neruda.

 

Es otra cosa otro tiempo otro hombre

no se consigue un zapatero bueno

para coser la de cuero

es otro tiempo otra cosa

los arqueros no se calzan la gorra hasta los ojos

las camisetas no vienen con solapas y botones

al hombre

le han cambiado el sueño lo dejaron

temeroso del sida la pasión

temeroso amor deseo silencio

vibración de los sentidos cuando pelvis y pelvis

aturden esa misteriosa desaparición del mundo

el viaje en espiral al infinito.

 

Aquella charla aquella charla

(cómo cuestan las palabras

cuando se abandona el gesto)

aquella charla de palabras del sistema

y nosotros que pasamos los 17

pero queda sexo para combatir el sida

manos para acariciar el sexo

ojos para mirar las manos otros ojos

para encontrar los ojos mirar a través del vaso

y conspirar.

Nos acosan amigo nos acosan

son muchos nos rodean

nos hacen correr

lejos de los muros de Nanterre

nos alejan cambian la utopía

pedazos de película que la Metro tiró por inservibles

jugar armar un videoclip

hacer cola con una regadera regar

regar con entusiasmo.

 

Porqué no una regadera sin flor cargada

con agua de cal caminar despacio por los lados

luego prolija medidamente marcar el área penal

la línea del centro el círculo hasta mandarse la joda

dibujar con blanco sobre el pasto

al centrofoward que murió al amanecer

haciendo el amor con la mujer de sus sueños

mujer con un telar que sueña

que al amanecer un centrofoward

destejerá punto por punto

cada rincón oscuro de la luna.

 

Aquella charla aquella charla

de qué sirve

 

conspiremos.

 

                                                                      

ARTE POETICA

 

Yo no juego con la muerte.

No juego con los amigos que eligieron

esa forma solitaria del exilio

ni con mi padre o compañeros

forzados a la partida con el engaño

del regreso.

Yo llevo tranquilamente

mi alma en un plato

al almuerzo de los años futuros,

por encima de burlas y amenazas,

como lo hiciera Maiacovsky

cuando eligió su corazón

como último refugio.

 

No juego tampoco

con la locura, los gatos, los espejos,

o los sueños que vivo

con la intensidad de un sueño.

No podría jugar

con mi propio rostro en el espejo,

con la severidad con que me mira

o la sonrisa que rescata una mentira

y hunde cada pequeña traición

innecesaria.

 

Yo no juego con la muerte

ni con mis alucinadas reiteraciones

que frecuentan los paisajes de la locura

y llevan el territorio de lo posible

a esos abismos sin eco ni final,

sin bordes para que la mano o la razón

detengan la caída. No juego

con la muerte. No juego conmigo.

 

Hay horas, reconozco,

en que el silencio trepa por los costados

de la noche y mis manos a oscuras

no encuentran el límite de mi propio

aliento. Hay horas, reconozco,

en que mi alma vaga de cuarto en cuarto

y observa mi cuerpo que duerme

ajeno a la requisa de papeles, de sueños,

de aquellos objetos que cuido no me toquen,

de esos rostros que ordenan mi memoria

y me ayudan a mentir en el recuerdo.

 

Reconozco también que hay horas

que transcurren sigilosas, atentas,

que caminan de sueño en sueño

de espejo en espejo, de rostro en rostro,

y recorren el vasto mundo por los techos

como gatos. Tal vez sea gato algunas horas

y la muerte me conceda ese deseo.

 

Pero yo no juego con la muerte que aparece

en mis sueños o en mi biblioteca

las noches que comparto con la soledad y el alcohol.

Yo no juego con la muerte que me permite

visitar a mi padre y mis amigos,

que me deja hablar en sueños con los que

pronto irán de su mano, aparecerán

sin previo aviso entre poemas y papeles

o en el espejo al levantarme,

 y volverán

solamente las noches que comparta

con la soledad y el alcohol.

 

Yo no juego con la muerte,

no podría tampoco jugar con los sueños

de antiguas amantes:

tanta ilusión guardada en la memoria

tanto amor que no cabe en la palabra amor

tanto placer que no sé cómo cabe en mi cuerpo

tantas mujeres que al fin fueron

la mujer

que compartirá locura sueños abismo

espejos noches por los techos

mujer inasible y real

conformada por todas las mujeres

de las que recuerde su rostro

en el espejo.

 

La muerte me conoce.

Alguna vez me ha invitado

a esos dudosos paseos

de los que no se vuelve.

Pero sabe que por encima de burlas y amenazas

yo llevo tranquilamente mi alma en un plato.

Sin juegos. Cada uno en su lugar

disfruta el almuerzo

de los años futuros.       

 

Reynaldo Uribe