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| Ediciones Juglaría - Rosario - Argentina |
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CIUDAD SIN SUEÑO
No duerme nadie por el cielo.
Federico García Lorca
Tanto soñé contigo,
tanto caminé y hablé
y tanto amé tu sombra
que ya nada me queda de tí.
Robert Desnos
Muerte cuídame
porque sin mí
tú te mueres.
Rubén Lena
POETA POR LA CIUDAD
a Federico García Lorca
Qué pueden tener las calles
las sucias turbias calles del Bronx
el alba mentida de New York
con su saxo como aullido de perro asirio
o la muerte por soledad en Vermont.
Qué puede tener una ciudad sin sueño
con sus caballos en las tabernas
y las hormigas furiosas
que atacan cielos amarillos refugiados
en los ojos de las vacas.
Qué puede tener, qué puede tener
un poeta en New York
que no tenga una prostituta un vendedor de pescado
un bandoneón en la radio de los bares
un judío levantando la persiana el ciruja
balbuceado desde el olvido
o el vendedor de queso que arrastra
el nauseabundo olor de su comercio
hasta la cama donde parirá a sus hijos.
Cuál será la diferencia
entre el mascarón de proa
que trajo las ratas de Battery Place
y las de San Juan y Mitre,
confundidas en las cubiertas entre
los que encadenados perdían el sueño
o los que soñaban por soñar porque su sueño
no se turbaba con cadenas, explosiones,
las espinas del pescado
las cáscaras de queso
o el olor a leche de macho alzado
sobre los muslos el olor a alcohol
la lengua lúbrica igual
que complaciendo a un animal.
Cuál es la diferencia entre Brooklyn
y las esquinas de Pichincha
las opacas, las que no tienen
resurrección en los finales
ni esperanza en los amaneceres.
Qué nos distancia, New York,
si el bandoneón y el saxo
comparten un idioma
asesinado por el cielo
y las piernas, aquí y allá,
son más hermosas con medias negras
y el alcohol, aquí y allá,
tiene otro gusto compartido con amigos.
Mientras tanto
en Harlem y en el Bronx
en Moreno y Weelwright
o en Laprida y San Luis,
un saxo aúlla, un bandoneón
en celo reclama al ciruja al poeta
a la dulce prostituta
a los asesinados por el cielo
a los que no tienen resurrección en los finales
ni esperanza en los amaneceres
balbuceados desde el olvido.
RETRATO DE MUJER
Los nombres de mujer
no se escriben con tinta
ni llanto sangre o aerosol
sobre las piedras los nombres
de mujer no se graban en la corteza
de los árboles no sirven
para encabezar poemas. Los nombres
de mujer no quedan bordados
en las sábanas no quedan
en las cartas no caen
sobre los manteles no se ocultan
en la luz en las tinieblas en la sombra
de los objetos no caminan
sobre la huella de nuestros pasos.
Los nombres de mujer no se pierden
ni quedan confinados a un conjunto
de letras sin sentido. Los nombres
de mujer no se escriben no se recuerdan
ni se olvidan
no son
sino esa imagen de nuestro
propio rostro en el espejo
que nos mira en silencio
que nos mira fijo nos pregunta
qué hicimos para merecer
su nombre.
VISITAS
a mi padre
Una palabra cae
desde el borde del silencio
y rueda implacable hacia el absurdo.
Entonces aparece tu silueta
tiene sombra se refleja en el espejo
comparte mi whisky reprocha
mis visitas infrecuentes al panteón
familiar y mi mano busca
la palabra caída la palabra
que hable y rompa mi silencio
mi asombro mi mano para estrechar
tu mano recordar tu voz
para que este absurdo sea implacable
diálogo entre tu palabra
y mi silencio tu mirada
y el abrazo a esta sombra
que desde el silencio el absurdo
o la advocación a la palabra
me pone en el umbral
del panteón familiar.
Entonces soy yo el que te visita
sentado en los escalones de mármol
de espaldas a la puerta a la tarde
que no proyecta mi sombra
sobre el piso no refleja mi rostro
en el lustre impecable de tu lecho.
Cómo no quedarme sin palabras
si en los bordes del abismo siento
tu brazo cálido sobre mis hombros
y el silencio va marcando nuestros
pasos nuestra imagen nuestros
cuerpos reflejándose
en los mármoles bruñidos sentados
distendidos prestos para conocer
los últimos sucesos de cada uno
la última emoción el último
intento para alcanzar lo imposible.
Una palabra cae
desde el borde del silencio
y rueda implacable hacia el absurdo.
OTOÑO
Una noche brumosa de Nueva York
o Pichincha no recuerdo una tarde
una mañana de sol de madrugada un feriado
un amanecer un miércoles cualquiera
un hombre cae se doblan sus rodillas
y cae derramando sus palabras en la vereda
cae el hombre y sus palabras en la vereda
sucia sin baldosas en la vereda encerada
en una vereda cualquiera de cualquier
lugar pisada por los abnegados
enfermeros de la guardia de emergencia pisada
por diligentes policías que no encuentran
al culpable pisada por curiosos por viciosos
por periodistas por la amable mujer que barre
las palabras con las hojas secas con los fósforos
apagados los chiclets secos los restos de algodón
como si fuera lo mismo morir en Nueva York
o en Pichincha a mediodía o en feriado
morir de muerte natural o conspirando
derramar palabras o una inmunda sangre
recordada en la mesa familiar ante la carne
jugosa o en un vulgar análisis de colesterol.
Y con el tiempo la memoria confunde a las abnegadas
almas de Nueva York y Pichincha a los enfermeros
a los policías la memoria confunde a los viciosos
a los periodistas y dicen que fue
un fósforo que quemó un hombre
una mañana de sol de madrugada un feriado
un amanecer un miércoles cualquiera
que se atragantó con un chiclet que el algodón
estaba infecto porque era reciclado
que el culpable no aparece que el culpable
fue condenado a cadena perpetua fue barrido
por una mujer su cómplice y la prueba número uno
la escoba no aparece.Las palabras caídas
mientras tanto siguen allí en la alcantarilla
tapando a las hojas secas que caen tapando
a las palabras que caen y nadie
está dispuesto a recoger.
ESCALERAS A ALGUN LADO
Diariamente
un hombre pisa
un nuevo peldaño o funda
una ciudad sobre sus ruinas.
SEÑORITA SENTADA EN LA PENUMBRA
a mi país
“Del salón en el ángulo oscuro”
Gustavo A.Bécquer
La señorita sentada tiene el nombre
vibrante de la plata anteojos de carey las manos
delgadas pálidas los dedos
delgados pálidos la señorita
su rostro todo.
La señorita ve pasar
tras los geranios tras las rejas
del balcón tras los anteojos
de carey sus manos
su blanco rostro de señorita
que la mira desde el tiempo sentada
blanca su puntilla blanca
de azahar sus ojos
tristes detrás de los cristales
su nombre antiguo.
Y una lágrima rueda
hacia los biscuit y cae
por las teclas pálidas por sus dedos
pálidos construye mientras cae
un Ave María de Schubert que no alcanza
para hacer sonreir a los retratos familiares.
Pero la señorita no cae
no alcanza la vida para doblar
sus hombros su columna sus bordados
no caen los geranios ella
sueña no agota su tesoro
y su cajita de música aleja
oscuros nubarrones ella sueña
tras los anteojos de carey las manos
tan frágiles para proteger un sueño
o su nombre noble y su mejilla
se colorea su sueño
un fino pincel con acuarela su mejilla
como el pétalo de una rosa
con una gota de rocío.
TABALAGO
a Alfonso Nassif
a Albertito Biscayart
Nuestros muertos no están muertos.
Sólo regresan a los sueños
a los recuerdos de su propia infancia
o cruzan antiguas fronteras,
aquéllas vedadas por los cánones de la razón
que guardaban ocultos pasaportes y pijamas
y una mirada ansiosa como moneda de cambio.
Los muertos no están tristes ni extrañan
la vagabunda presencia en el paisaje cotidiano
de su antiguo mundo. Apenas nos visitan
y beben nuestro vino abierto cuando nos damos vuelta
o tienden una mano suave sobre nuestro cuello
cuando tejen su trama la soledad y el silencio.
Nuestros muertos no están muertos
ni nos olvidan, aunque pocas veces
los invitemos a la mesa. Ellos esperan
para revivir nuestra infancia,
guiarnos por esas tierras sin fronteras,
contener la risa detrás de las cortinas
esperando el momento justo para robar el vino
de aquéllos que olvidaron compartirlo,
o simplemente sentarnos en el suelo
llorar en silencio
y acariciar al amigo
suavemente
para que no despierte.
IMPOSIBLE EN GRISES
A veces
demasiados lugares amanecen en gris
(como un amanecer de luna)
y un velo se extiende sobre la tierra
sobre el paisaje las ciudades los hombres
que caminan al amanecer los que duermen
todo
hasta lo oculto lo no dicho lo que no tuvo
tiempo de soñarse, se tiñe de imposible.
Y los días transcurren aparentemente
aunque el tiempo se detenga en la memoria
mientras la luna pasea de cuarto en cuarto
indiferente
ajena a las palabras o gestos solidarios,
ajena la luna amaneciendo en gris
sobre el paisaje las ciudades los hombres
la memoria de los hombres
como un velo que tiñe de imposible.
FUENTE DE LOS DESEOS
Entre árboles y estatuas,
la fuente de los deseos.
Las personas arrojan monedas
y deseos, claro, se supone
que es la misión de la fuente
y las monedas.
Pero la fuente de los deseos
no fue pintada entre árboles
y estatuas para oxidar monedas.
Ella muestra la transparencia de sus ojos
a los que escuchan sus propios sueños
o la conversación de las estatuas.
Ella pinta, bajo los árboles,
unos pocos deseos
guardados en secreto,
sólo algunos
sin monedas.
SUEÑOS
El hombre
sueña
con un hombre
muerto
y la muerte
siente
que se le escapa
un hombre.
El hombre
sueña
con un hombre
que sueña
y la vida
siente
que se le escapa
un hombre.
El hombre
sueña
con él mismo,
con sus sueños,
y la vida
y la muerte
crispan los puños
de impotencia.
VELADURAS
Un hombre sueña
con un paisaje tan real
tan armónico con su luz
en veladuras, que incorpora
una mujer al sueño, una mujer
con su cabello suave y libre
y le regala un vestido suave y libre
como la mujer y sueña también
con una flor para su cabello.
Sueña el hombre con un paisaje
tan real tan armónico con su luz
su mujer en veladuras con una flor,
que instala en el sueño un retoño
del árbol de la vida.
El hombre sueña que vive
en su paisaje en veladuras
con esa mujer con la flor en sus cabellos
su vestido suave y libre en veladuras
y el árbol de la vida tan real
tan armónico que el hombre
decide despertar dentro del sueño
para vivir en veladuras.
LOS TESTIGOS
El futuro esquiva mi mirada.
Entre sus ojos y los míos hay un espacio hueco
que desarticula todos los límites posibles.
No puedo condenarlo.
Yo no desciendo de los dioses
ni tengo la inmortalidad de la piedra:
apenas
soy capaz de vagar entre permanencias de otros
y mi memoria sirve
todavía
para reconstruir las ventanas
que me llevan de un mundo a otro
y regresar.
El futuro
tiene miedo a los testigos.
DE NUBES Y SOMBRAS DE LAS NUBES
Una nube
cae descalza
en la sombra
de unos pasos caminantes
y un hombre corre
temeroso
para esconder al único testigo
de sus sueños
y miserias.
BUSQUEDA
Busca, hijo, busca,
como alguna vez lo hicieran los antiguos.
Busca en tu niñez o la saga de tus sueños
entre las ruinas de la ciudad fantasma
en el aliento de desiertos y torrentes
o en el eco de tus pasos. Busca
en laberintos o en sagrarios
en la pátina de los escudos
en aquellas profecías en la música de los pastores
en los cráneos de los traidores lastimando
la luz con su reflejo. Busca
en olvidadas catacumbas en el rastro
de los cuervos cuando vuelan
en las sagradas escrituras en el sendero
del sol sobre el mar en el ocaso.
Busca
en las palabras que quedaron adheridas
al silencio o en aquéllas fecundadas
por aves y peces y abejas destiladas por fin
en el desvelo. Busca hijo
entre las piedras en la huella del viento
en la sombra que alguien olvida cuando pasa
en los caminos sin origen ni destino.
Busca, hijo,
busca.
EL CENTROFOWARD MURIO AL AMANECER
Aquellas charlas, amigo, aquellas charlas
están grabadas en las paredes de Nanterre:
“Corre, camarada, el viejo mundo
está detrás de tí”.
Y aquí, bajo otros cielos,
aquél mayo de Nanterre yo cumplía los 17
a los que quería volver Violeta.
Aquella charla amigo en que te dije
que el sistema anotaba un tanto en nuestras barbas
que nos quedamos dormidos en defensa
y a pesar de los avances no generamos situaciones de gol:
el sistema está entrenado, nos mató un amanecer al centrofoward
y al abrir los ojos nos entró nostalgia por la lluvia
nostalgia por la lluvia la de ahora es otra lluvia
el vino no es el mismo al sexo le pusieron saxo
extraviándolo de su propia melodía.
Sabés qué pasa mi querido amigo
no quedan tantas pensiones baratas
ni esas prostitutas de Eduardo Dalter que “no esperan a nadie y sueñan”
en la esquina de la Plaza López o en la cuadra del París
ni Federico dice “oye mi sangre rota en los violines”.
Preocupa eso sí el agujero del ozono pero nadie
pregunta por el dedo que se mete y escarba
corre camarada se viene el dedo
el viejo mundo debe quedar atrás, a la vuelta de una esquina
a la que faltan el buzón carmín
y un misterioso sobre perfumado que custodie
esa pequeña violeta ansiosa por dormir
eternamente junto al poema 20 de Neruda.
Es otra cosa otro tiempo otro hombre
no se consigue un zapatero bueno
para coser la de cuero
es otro tiempo otra cosa
los arqueros no se calzan la gorra hasta los ojos
las camisetas no vienen con solapas y botones
al hombre
le han cambiado el sueño lo dejaron
temeroso del sida la pasión
temeroso amor deseo silencio
vibración de los sentidos cuando pelvis y pelvis
aturden esa misteriosa desaparición del mundo
el viaje en espiral al infinito.
Aquella charla aquella charla
(cómo cuestan las palabras
cuando se abandona el gesto)
aquella charla de palabras del sistema
y nosotros que pasamos los 17
pero queda sexo para combatir el sida
manos para acariciar el sexo
ojos para mirar las manos otros ojos
para encontrar los ojos mirar a través del vaso
y conspirar.
Nos acosan amigo nos acosan
son muchos nos rodean
nos hacen correr
lejos de los muros de Nanterre
nos alejan cambian la utopía
pedazos de película que la Metro tiró por inservibles
jugar armar un videoclip
hacer cola con una regadera regar
regar con entusiasmo.
Porqué no una regadera sin flor cargada
con agua de cal caminar despacio por los lados
luego prolija medidamente marcar el área penal
la línea del centro el círculo hasta mandarse la joda
dibujar con blanco sobre el pasto
al centrofoward que murió al amanecer
haciendo el amor con la mujer de sus sueños
mujer con un telar que sueña
que al amanecer un centrofoward
destejerá punto por punto
cada rincón oscuro de la luna.
Aquella charla aquella charla
de qué sirve
conspiremos.
ARTE POETICA
Yo no juego con la muerte.
No juego con los amigos que eligieron
esa forma solitaria del exilio
ni con mi padre o compañeros
forzados a la partida con el engaño
del regreso.
Yo llevo tranquilamente
mi alma en un plato
al almuerzo de los años futuros,
por encima de burlas y amenazas,
como lo hiciera Maiacovsky
cuando eligió su corazón
como último refugio.
No juego tampoco
con la locura, los gatos, los espejos,
o los sueños que vivo
con la intensidad de un sueño.
No podría jugar
con mi propio rostro en el espejo,
con la severidad con que me mira
o la sonrisa que rescata una mentira
y hunde cada pequeña traición
innecesaria.
Yo no juego con la muerte
ni con mis alucinadas reiteraciones
que frecuentan los paisajes de la locura
y llevan el territorio de lo posible
a esos abismos sin eco ni final,
sin bordes para que la mano o la razón
detengan la caída. No juego
con la muerte. No juego conmigo.
Hay horas, reconozco,
en que el silencio trepa por los costados
de la noche y mis manos a oscuras
no encuentran el límite de mi propio
aliento. Hay horas, reconozco,
en que mi alma vaga de cuarto en cuarto
y observa mi cuerpo que duerme
ajeno a la requisa de papeles, de sueños,
de aquellos objetos que cuido no me toquen,
de esos rostros que ordenan mi memoria
y me ayudan a mentir en el recuerdo.
Reconozco también que hay horas
que transcurren sigilosas, atentas,
que caminan de sueño en sueño
de espejo en espejo, de rostro en rostro,
y recorren el vasto mundo por los techos
como gatos. Tal vez sea gato algunas horas
y la muerte me conceda ese deseo.
Pero yo no juego con la muerte que aparece
en mis sueños o en mi biblioteca
las noches que comparto con la soledad y el alcohol.
Yo no juego con la muerte que me permite
visitar a mi padre y mis amigos,
que me deja hablar en sueños con los que
pronto irán de su mano, aparecerán
sin previo aviso entre poemas y papeles
o en el espejo al levantarme,
y volverán
solamente las noches que comparta
con la soledad y el alcohol.
Yo no juego con la muerte,
no podría tampoco jugar con los sueños
de antiguas amantes:
tanta ilusión guardada en la memoria
tanto amor que no cabe en la palabra amor
tanto placer que no sé cómo cabe en mi cuerpo
tantas mujeres que al fin fueron
la mujer
que compartirá locura sueños abismo
espejos noches por los techos
mujer inasible y real
conformada por todas las mujeres
de las que recuerde su rostro
en el espejo.
La muerte me conoce.
Alguna vez me ha invitado
a esos dudosos paseos
de los que no se vuelve.
Pero sabe que por encima de burlas y amenazas
yo llevo tranquilamente mi alma en un plato.
Sin juegos. Cada uno en su lugar
disfruta el almuerzo
de los años futuros.
Reynaldo Uribe