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| Ediciones Juglaría - Rosario - Argentina |
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RITO DE LA AUSENCIA
a Carolina, Nicolás,
Imanol y Federico
En este transitar de sombras y montañas
con las manos extendidas
perpendiculares
a mi pecho hinchado de sed,
te busco
desde mis cientos de siglos
mi desarrollo físico y mental
mis pasiones infinitas
mi naturaleza
moldeándose desde sus entrañas
de rodillas a nuestra sensibilidad acorralada.
Y camino
con mi humana soledad a cuestas
extrañando tu sueño
hurgando indefinidas sombras
consultando al viento y a las piedras,
a las hojas secas y las verdes,
a todo aquello que aún se guarda intacto
inviolable
y tan seguro de sí mismo
como de su eternidad en la vida y en la
muerte.
No acepto la infancia como símbolo
de alboradas
dueñas absolutas
de su lenguaje propio
o de un futuro promisorio o desafiante.
Yo descubrí en el nacimiento de mis hijos
la permanencia inquebrantable del amor
como fuente indestructible de energía
y la magia de la creación
como fruto de lo imperecedero de mi cuerpo;
y me postré ante ellos desde el primer llanto
porque hasta la eternidad
serán los exclusivos cancerberos
de sus propios e indelebles enigmas.
No estoy dispuesto
tampoco
a resignarme ante la muerte
ni aceptarla como el eslabón de un ciclo.
No quiero hablar
de aceptación
comprensión
adaptación
en fin, resignación
quien se resigna ante la muerte
se resigna también ante la vida.
Siento
aún
la impotencia ante lo magnificente
la incertidumbre de lo ignorado
el temor
las dudas
el asombro diario
por todos y cada uno
de los eslabones del ciclo natural,
monótono y cotidiano
como el salir del sol
el amanecer de las estrellas
el llanto de un pimpollo
emocionado de rocío
o un débil pichón que inicia el vuelo.
Busco al hombre
para encontrar la paz
y no para remendar heridas:
como una alborada
una común y definitiva
sin grandes luces
pero sin sombras tenebrosas
al acecho.
No quiero la paz de utilería
que sirva de consuelo.
Busco
la paz como uno más
de los sagrados elementos,
como el fuego, el agua,
la sombra, el silencio,
el parto, las montañas,
la muerte o el pan.
Quiero conservar el culto
primitivo y ancestral
ante lo mágico:
lo que no es del hombre
y hace al hombre.
Por eso busco y necesito
al hombre esencial,
el de carne y huesos
pero con un armazón de acero
o de nieve
de fuego o agua dulce
o lo que sea,
el que guarda en sus más recónditas esquinas
el Innombrable:
en sus miradas más superficiales
en sus manos y en sus pies
y en cada poro de su piel,
el que convive
y lo alimenta y se alimenta.
Por eso
mi temor de negociar
el gusano que un día se hizo hombre
por el hombre
que cada día quiere hacerse más gusano.
Estoy cansado
de buscar al hombre
tumultuoso y cerebral
laberíntico y mortal
el de carne y hueso y nada más
y nada más.
Mi único poema
dirá
me despojo de mí
y te descubro.
Reynaldo Uribe